viernes, 7 de junio de 2019

Chernobyl y la verdad sepultada

La serie Chernobyl, una producción de HBO escrita y creada por  Craig Mazin, narra con escrupuloso detalle el catastrófico accidente acontecido en la tristemente famosa central nuclear soviética. La serie está siendo un gran éxito de crítica y público, por muchísimas razones. Seguramente la curiosidad morbosa por conocer los detalles de uno de los mayores desastres en la historia de la humanidad ha pesado bastante en este éxito; hay que reconocer que la historia en sí misma es atrayente desde muchos puntos de vista, empezando por un material de partida idóneo para estimular al espectador (errores humanos, intrigas políticas, explosiones, peligro constante, drama y muerte por doquier...) y siguiendo por una realización del más alto nivel (se nota que en HBO les ha cundido la pasta recaudada gracias a otros grandes éxitos). 

'Chernobyl'. (HBO)


sábado, 11 de mayo de 2019

Diez años

En términos universales, diez años es una cantidad de tiempo irrisoria. Y con universales quiero decir en la escala del universo conocido. En un contexto donde pueden pasar fácilmente mil millones de años antes de que te enteres de que una estrella ha muerto, diez años suponen una fracción tan minúscula del total que es para mondarse. Pero en la ridícula escala temporal humana... diez años son otra cosa. De hecho en uno solo de nuestros vertiginosos años pueden pasar tantísimas cosas que las personas terminamos por tomarnos el tiempo como algo muy serio. Obviamente porque en el fondo nos da igual cuánto puedan durar las cosas en el universo: somos plenamente conscientes, para bien o para mal, de que vivimos con el tiempo prestado. Gracias a eso apreciamos más cada minuto de la vida, pero también a menudo maldecimos nuestra senectud y rabiamos cuando constatamos que hemos perdido alguna cantidad de tiempo preciosa que ya no volverá. 

Pues bien: si en términos de vida humana diez años son ya un cacho de tiempo a considerar (da tiempo a hacer dos doctorados, a ver dos trilogías de El Señor de los Anillos o a presenciar cómo tu hijo pasa de decir "erez el mejó papi del mundo" a " ¡Yo no te pedí nacer!"), en la escala del mundo virtual donde todo se sucede a un ritmo vertiginoso, puede considerarse una eternidad. Durante los diez años que ha existido esta página web han sucedido muchas, muchísimas cosas. Los textos que se han publicado han cambiado mucho, han pasado por aquí varias manos aporrenado distintos teclados para llenarlas, y las más habituales - que son las del que os escribe en este momento -  han experimentado y practicado hasta encontrar una voz propia; pero incluso esa voz ha cambiado. Ha habido todo tipo de situaciones a lo largo de estos diez años, y siempre se han reflejado de una manera u otra en el blog. Incluso en los periodos más ocupados de la vida, coincidiendo al mismo tiempo con el declive de la comunidad bloguera y con el incremento de las exigencias laborales y familiares, siempre he encontrado el momento de volver y disfrutar de la sensación que estoy sintiendo ahora mismo: que aquí sigue todavía este rinconcito apartado, una vez dentro del cual el tiempo se detiene, permitiéndome hablar con total libertad de aquello que necesite. Y en estos momentos solo necesito reflexionar un poquito, rememorar aquellos tiempos y dejarme llevar por diez años de recuerdos maravillosos. Necesito recordar por qué sigo manteniendo este sitio abierto y me resigno a considerarlo un capítulo cerrado de mi vida, pese a no dedicarle el tiempo que uno debe dedicar a todo aquello que de verdad le importa. He querido volver a escribir para celebrar el décimo aniversario, simplemente para sentir que aún tengo un sitio al que regresar cuando lo necesite.

Porque en estos diez años habrán pasado muchas cosas, pero ninguna de ellas me ha quitado las ganas de escribir. De hecho, me han dado muchísimos motivos para escribir cada vez más. A veces fantaseo con que llegue por fin esa época ansiada en que pueda, de nuevo, sentarme a escribir cada vez que tenga una idea, y no cada vez que tenga un momento libre de ocupaciones. No creo que sea una utopía; por primera vez en mi vida profesional, la estabilidad es algo tangible, un objetivo a corto plazo... así que considero que es cuestión de tiempo.

No quiero extenderme demasiado, pues bien sabéis que dicho tiempo es finito y a los humanos no nos sobra. Podría invertir muchísimos minutos en enumerar las maravillosas alegrías que me ha dado este lugar, empezando por toda la gente increíble a la que he conocido gracias a las páginas aquí publicadas, y terminando por los logros profesionales que en gran medida se han visto influidos, directa o indirectamente, por mis escritos y experiencias en este blog. Y de hecho era mi intención, según meditaba durante estas últimas semanas acerca de lo que contaría llegado el momento. Pero he preferido abrir las puertas de ¡Jindetrés, sal!, soplar el polvo de sus estanterías, pasearme entre los recuerdos que aquí se guardan y simplemente sentarme a dejar que las palabras fluyesen. Esto es lo que ha salido. No me importa demasiado, puesto que hace ya mucho tiempo que descubrí el gran placer que produce dejar que las palabras hablen por sí mismas, y sin embargo hace ya mucho tiempo que no escribo por placer. No obstante, no os quiero engañar: si vengo a escribir aquí, es porque espero que alguien lea estas frases. Si tuviera que resumir en una única afirmación, en una sola razón por la cual considerar que ha valido la pena absolutamente cada palabra que he tecleado en este blog a lo largo de diez años, sería sin dudar un segundo las contadas ocasiones en que alguien ha manifestado que esas palabras le han servido para inspirarse, para aprender, para emocionarse, o para reír. Así que este post es una medicina, un revitalizante, un chute de adrenalina para abrir las puertas de par en par y lanzar al aire un "¡Eh! ¡Sigo aquí!" para que cualquiera que pueda oírlo se acerque, con curiosidad, y se permita en estos tiempos nerviosos y agitados de microescritura y lectura diagonal, descubrir un buen montón de historias entre las que perderse. 

No sé realmente si escribo para recordar a los demás que sigo aquí. Según siento que llega el momento de ir cerrando esta extraña pero terapéutica reflexión de cumpleblog, creo que en lo más profundo de mi subconsciente la intención verdadera es recordarme a mí mismo que antes de divulgador, profesor, conferenciante, monologuista, guionista o redactor, fui simple y llanamente... bloguero.

Y nunca viene mal recordar de dónde viene uno. Porque nunca sabe dónde puede acabar dentro de otros diez años.




viernes, 1 de febrero de 2019

Atraco a los tres

NOTA: aunque este diálogo está parcialmente basado en hechos reales, cualquier parecido con personajes auténticos o con la situación real de la investigación o la divulgación científica en España deben considerarse pura coincidencia.


- Tío, ¿seguro que es por aquí?
- Que sí macho, deja de dar por saco. Ya has oído al organizador cuando nos ha despedido, dice que un montón de gente ataja por aquí para llegar a la estación.
- Bueno, un montón... yo solo he visto pasar un señor mayor, y creo que al final ha girado por otro lado. No parece un camino muy transitable; habiendo tanta calle asfaltada, arriesgarse a un esguince por estos solares...
- Si no te hubieras traído la maleta esa friki con una forma tan rara, no estarías tan agobiado. A los congresos se va con mochila, chaval.
- Pero es que el portátil este pesa un huevo, me destroza la espalda. Como encima nos atraquen o algo...
- De verdad que eres canso. Cuando te he llevado por los rincones más recónditos de la facultad, no te has quejado tanto.
- Hombre, pero ahí había un objetivo claro, que era conseguir llegar a la cafetería antes de que se acabase el cátering del congreso. Que digo yo, al menos un curasán por ponente podían haber puesto, al final incluso con el atajo hemos tenido que luchar por el café...
- Uy, cómo se nota que eres nuevo. Ya puedes dar gracias, en la mitad de congresos que he estado yo o te llevabas de casa algo, o no hay tu tía. Una vez hasta me robaron el bocata unos postdocs. Y se dice "cruasán", por cierto.
- Calla tío, no des mal fario, hablando de robos mientras pasamos por este solar de mala muerte...
- ¡Venga va! ¿Te me vas a poner magufo ahora? ¿Después de estar todo el día hablando de ciencia y de divulgación?
- Sí sí, lo que tú digas, pero a mi esa hoguera no me pinta nada bien... ¿es legal hacer hogueras en mitad de un descampado?
- La verdad es que no tiene muy buena pinta. Mejor vamos por este otro lado.
- ¿Eso es un charco de sangre?
- Vaaale vamos por donde la hoguera... jolines qué tiquismiquis.

Joven doctorando contemplando su alentador futuro en la investigación científica.

- ¡Eh, vosotros!
- Hostia no te pares tío hazte el sueco venga venga venga sigue andando.
- ¡Eh, vosotros!
- Tranquilo joder que ya casi estamos veo la estación ahí detrás tú solo pasa del tipo.
- ¡¡Eh!!
- ¡Ah! ¡Estamos rodeados!
- Tranquilo, déjame a mi... Eh... hola, qué tal, nada ya nos íbamos, no queríamos molestarles en su campamento...
- Calla la maldita boca y dame la mochila.
- Perdona, no entiendo...
- ¡Que cierres la boca! ¿Es que no hablas mi idioma o qué? Trae a ver el cartelito ese...
- ¡Au! ¡Eh, que estaba enganchado con imperdible, me has roto mi única camisa!
- ¿Congreso de... divulgación científica? ¿Pero esto qué mierda es?
- Pues eso, una mierda, si no pintamos nada allí, aquí ya ni le cuento, y ya nos íbamos...
- Como volváis a interrumpirnos al final vamos a tener que daros la paliza, que pensaba ahorrármela. Con lo fáciles que se os ve.
- Perdone, siga usted.
- Anda dame la mochila, y tú la maleta esa... un momento, ¿eso qué carajos es?
- Un droide astromecánico.
- ¿Un qué?
- Un R2D2
- ¡¡Pero qué cojones decís!! ¿Es una maleta o no?
- Perdón. Sí. Pero con la forma de R2D2. Me la regalaron estas navidades. Es que el portátil pesa un huevo y...
- Bueno, por fin sacamos algo en claro. Ábrela, Otto.
- A ver... Esto está lleno de camisetas raras y malolientes... ah sí, aquí hay algo gordo. Un momento... ¿esto es un ordenador?
- Coño, no veía uno así desde que era crío. Qué tendrá, ¿treinta años?
- Joder, con eso no sacamos nada. ¿No lleváis nada más?

Objetivo del programa Horizon2020: ningún investigador sin su portátil de última generación.

- El otro en la mochila solo lleva un montón de papeles, un suéter del primark y una bolsa llena de... ¿¿curasanes pasados??
- ¡Eh! Que están de ayer. Mojados en la leche seguro que están riquísimos. Y se dice "cruasáns".
- Pero vamos a ver,... ¿qué clase de congresistas sois vosotros?
- Somos científicos.
- Ah, pues llevaréis un montón de regalos de los laboratorios, medicinas... venga: vaciaos los bolsillos.
- A ver, creo que se confunden. Yo soy físico de partículas, y aquí mi amigo es paleobotánico. Pero nos gusta hablar de ciencia, y hemos venido a contar nuestras batallitas. En estos congresos no hay laboratorios, ni regalos ni...
- Bueno, nos dieron un boli bien chulo.
- A mi se me ha roto ya el muelle.
- Vale, pero chulo era un rato. Tú es que eres un manazas.
- ¡¡Pero queréis callaros!! Me está entrando dolor de cabeza. No entiendo ni la mitad de lo que decís. Dadme vuestras carteras.... ¡ajá! La universidad. Si trabajáis en la universidad debéis estar forrados y...
- JAJAJAJAJA
- Pero...
- JAJAJAJA
- ¿De qué narices os reís?
- Perdone, creí que era una técnica de robo, hacer chistes para aligerar tensión, o algo así. En la universidad no se gana mucho, caballero. Si acaso se ganan disgustos. Yo estoy con contrato de prácticas, y aquí mi amigo lleva 8 años como interino.
- Bueno, pero están a punto de sacarme mi plaza.
- Jo qué suerte, con solo 45 tacos... luego vas por ahí quejándote.
- Yo no me quejo.
- Sí te quejas, sí.
- Norman, de verdad, esta gente me está empezando a dar pena. Creo que les hace más falta el dinero que a nosotros.
- Bueno, de todas formas por aquí ya no pasa nadie a partir de esta hora.
- Tranquilos, total nosotros ya hemos perdido el tren. Con que nos ahorréis la paliza, yo ya contento.
- Jajaja qué va, lo de la paliza sí que era una táctica. Anda, venid al fuego a echar un trago, ya cogeréis el siguiente.
- Oye, perdona que te pregunte así de sopetón, pero... me gustaría hacerte una consulta. ¿Como está eso de los gluones? El otro día Otto y yo discutíamos si tienen masa o no y...

*** una hora y media botella de vodka más tarde ***

- Hola, ¿estáis por aquí? ¿Otto, Norman, cómo ha ido...? ¡Ah! ¡Qué hacéis vosotros aquí aún!
- Hombreeeee a ti te quería yo ver. Así que esto es lo que nos mandas para que desplumemos... ¿y pretendías que nos repartiésemos el botín? Pero si son unos pobres desgraciados.
- Espera espera no me jodas... ¿Doctor Gertrude? ¿el organizador del congreso nos manda directos a una trampa para que nos atraquen?
- Bueno, a ver, puedo explicarlo... yo simplemente os mostré un atajo y... y casualmente, estos caballeros y yo nos conocemos y...
- Déjalo, capullo. Anda, páganos lo prometido y olvidaremos la ausencia de botín a cambio de lo bien que lo hemos pasado charlando con estos muchachos.
- Ah, ya, bueno... es que al final, como el congreso era de inscripciones gratuitas y tal pues... no hemos sacado tanto y... bueno, pensaba que el botín sería suficiente y claro...
- Ya veo. Así que nada de pasta. Y esos bolsillos tan abultados serán que estás contento de vernos, no? Ale, pues serán tres los atracados hoy. ¿No os parece chicos?
- ¡Sí!
- ¡Eso! ¡Reviéntale la cara!
- Oye, no te vengas tan arriba, plantitas.
- Perdón.
- En serio, de verdad que no llevo nada, no es lo que parece...
- Norman, haz los honores anda.

*** varios forcejeos y registros más tarde ***

- Oye pues al final, qué majos estos señores. Nunca me habían atracado de forma tan amena.
- Ya te digo, ya ni le guardo rencor a Gertrude. El pobre al final sí se ha llevado paliza.
- Pues mira, le está bien empleado por intentar abusar de unos pobres diablos y encima compañeros de profesión.
- ¡La cara que ha puesto Norman cuando ha empezado a sacudirle y le han caído todos esos curasanes de los bolsillos!
- Cruasáns, querrás decir.
- Dios, qué harto me tienes.