domingo, 30 de octubre de 2011

¡No puedo creer que no sea... caca!

NOTA 1: La siguiente historia puede contener fragmentos ofensivos para algunos lectores, pues existen dos tipos de personas: aquellas a las que les hacen gracia las cochinadas (individuos capaces de reírse de un chiste de pedos durante horas, por ejemplo) y las que las consideran un campo incompatible con cualquier tipo de hilaridad. Por si alguien aún lo duda, me encuentro entre el primer grupo de personas.


NOTA 2: Este escrito está parcialmente basado en hechos reales. Dado el escatológico y vergonzante carácter de esos hechos, se ha alterado sustancialmente el nombre del protagonista.


Se encontraba Abelardo disfrutando de una maravillosa tarde de sábado en el teatro junto a algunos amigos, después de haber compartido una opípara comida en un agradable restaurante del paseo marítimo. Repantingado en su butaca, reía sin parar las ocurrencias de un humorista feliz y dicharachero, totalmente ignorante de que estaba a punto de protagonizar uno de los episodios más bochornosos, embarazosos y misteriosos de su existencia como ser humano.


Disfrutaba, como decíamos, de la sesión teatral cuando de repente sintió una sensación de calidez, tibia calidez en una parte del cuerpo donde uno generalmente no desea sentir calidez. Sus carcajadas cesaron de golpe, y centró la atención de todos sus sentidos en el punto del mundo físico donde el asiento de la butaca y las posaderas humanas se topan. En aquel punto algo se deslizaba, lamentablemente – era ahora perfectamente consciente de ello – por el lado interior de sus pantalones. Dirigiendo su esfuerzos hacia el sentido del tacto, concretamente al tacto de la porción epidérmica correspondiente a sus nalgas, constató que existía un flujo de material líquido expelido del interior de su cavidad anal y que tristemente no respondía a ningún tipo de control muscular que él tuviera sobre su esfínter. El torrente siguió y siguió, y para cuando por fin cesó Abelardo se hallaba físicamente en el mismo lugar pero su mente estaba en otra dimensión, una dimensión de desconcierto, vergüenza y horror. Por fin salió de su trance, se armó de valor y con un minúsculo y humillante “perdona” se levantó de su asiento apretando nalga contra nalga, y corrió hacia la salida más cercana en busca de los baños. Esta historia no sería ni la mitad de graciosa si los baños hubiesen estado a tiro de piedra de la salida de la sala, así que diremos que nuestro infeliz protagonista tuvo que preguntar a dos empleados, subir dos tramos de escaleras, casi meterse en el lavabo de señoras y por un pelo desmayarse al comprobar que el de caballeros estaba “fuera de servicio”. Pero no, no se desmayó, encontró enseguida el lavabo de minusválidos perfectamente accesible y allí se coló para intentar recuperar su dignidad.

Y entonces comenzó el horror.

Pocos podemos imaginar algo más terrible que sufrir un ataque de incontinencia diarreica en mitad de una sesión de teatro. Pero sí existe: y es descubrir que esa incontinencia está formada por un líquido anaranjado, de olor indescriptible y consistencia totalmente diferente de la clásica materia fecal (que a nadie gusta pero a la que todos estamos más o menos acostumbrados). Ese líquido seguía fluyendo, sin obedecer las órdenes del esfínter que le daba paso, y arrastraba con él la poca cordura que todávía le quedaba a nuestro amigo, que no sentía dolor físico pero sí psíquico. Y muy gordo.

Obviaremos las siguientes escenas, aprovechando el maravilloso pozo de inhibición que nos ofrece la técnica de la elipsis narrativa. Digamos simplemente que Abelardo se las apañó para limpiarse lo más decentemente posible, salió del teatro sin encontrarse con ninguno de sus amigos, y llegó a su hogar donde por fin pudo destruir la mancillada prenda y darse una ducha antológica mientras lloraba un ratito para desahogar tensiones.

Al día siguiente, tras un parecido episodio – mucho más soportable por el hecho de producirse antes de salir de casa y además estando ya en alerta – , decidió cambiar su ruta habitual hacia el trabajo y en su lugar se plantó en la consulta de su médico de cabecera. Puede imaginarse el lector que Abelardo tardó un rato en encontrar las palabras para relatar su aventura al médico. Tras un largo balbuceo lleno de rodeos en el que finalmente aparecieron términos como “diarrea”, “caca”, y “líquido naranja”, el médico cambió su expresión inicial de incomprensión por otra de interés, y comenzó entonces un interrogatorio acerca de los alimentos ingeridos horas antes del suceso. Cuando llegaron a la opípara comida mencionada en el primer párrafo, Abelardo enumeró:

- Pues nada raro… ensalada valenciana (muy rica, con tomates de los de verdad, de huerta), pan con tomate restregado, yo tomé de primero pescado, no me acuerdo cuál era, bastante pesado pero sabroso, y de postre…

Nuestro héroe no pudo terminar la enumeración porque del susto que le dio el “¡Eureka!” del médico casi se cae de la silla. Temió haber sufrido otro escape repentino por la impresión, pero sus salidas traseras seguían secas.

- ¡Te comiste un escolar! – aulló el médico, triunfal, golpeando la mesa con una mano mientras señalaba a Abelardo con la otra.

El señalado, por su parte, no podía eliminar de su mente la imagen de un niño con pantalones cortos y mochila a la espalda sentado en un plato rodeado de guarnición, cosa casi tan poco agradable como sus últimas experiencias fecales, así que pidió educadamente al licenciado, con mil perdones y súplica en su tono, si podía explicarse mejor y dejar de señalarle, que le daba mal fario por favor.

El médico - que resultó ser una persona con gran curiosidad e interés por aprender cosas nuevas - estaba familiarizado con tan extraños síntomas. Y como además era un enamorado de la divulgación, los blogs de ciencia y fanático de los carnavales de biología, encontró al fin una oportunidad de oro para poder desahogar sus ansias comunicativas y explicativas. Se levantó, cogió un rotulador y atacó la pizarra de papel que había en un rinconcito de la consulta, llena de telarañas.

La explicación del médico podría resumirse como sigue:

Los seres vivos, al fin y al cabo, no somos más que máquinas; autómatas, podríamos decir. Y como tales, necesitamos de energía para funcionar. Dicha energía la obtenemos principalmente de los hidratos de carbono (azúcares) y las grasas (lípidos). Mientras que las primeras proporcionan energía rápida y están disponibles para su uso inmediato, las segundas constituyen una reserva “extra”, y aunque están formadas por los mismos átomos que los azúcares, las proporciones están alteradas de manera que sus propiedades bioquímicas difieren. Lo más destacable: la mayoría de lípidos son bastante insolubles (cualquiera que haya mezclado agua y aceite es consciente de esta obviedad). Algunas modificaciones ligeras facilitan la solubilidad de las grasas, pero generalmente éstas se aglutinan en gotas poco solubles que en nuestro cuerpo se acumulan en unas células especiales que constituyen el tejido adiposo. Como reserva son estupendas, porque al producir la descomposición de estas grasas se libera una gran cantidad de energía que el cuerpo utiliza para sus menesteres cotidianos. Además, las grasas acumuladas pueden tener efectos secundarios que organismos como los mamíferos han sabido aprovechar: por ejemplo, como aislantes térmicos. Algunos animales incluso utilizan la energía liberada en degradar grasas como fuente calorífica, así que mientras duermen en lugar de utilizar esa energía para alguna actividad movidita, dejan que el derroche energético se traduzca en calorcito (efectivamente, es lo que hacen los osos cuando hibernan).

Pero no nos olvidemos de nuestro protagonista: el pobre Abelardo no había comido oso. Y así se lo hizo notar al médico, que le chistó de inmediato pero utilizó la interrupción para hacer avanzar la historieta. Efectivamente, no sólo los mamíferos acumulan grasas. También los peces lo hacen y algunos de ellos (como es el caso del mencionado escolar) acumulan ésteres cerosos: unos lípidos formados por cadenas hidrocarbonadas larguísimas, parecidas a los triglicéridos, pero que son imposibles de digerir.


Figure01
Esquema de un éster ceroso: cada “montañita” es una repetición de grupos compuestos únicamente por carbono e hidrógeno, cadenas larguísimas unidas por un oxígeno. Vamos, muy poco soluble, para los que entiendan. Sacado de aquí.


Obs_smiths_escolar3
Observen, qué cara de inocente: Lepidocybium flavobrunneum, conocido como “escolar”, es el culpable del episodio acontecido al pobre Abelardo (obtenido de la wikipedia).


Este tipo de grasas, explicaba el doctor, son poco frecuentes y sólo se encuentran en algunos peces como el sospechoso, en plantas como la Jojoba – nombre que hizo sonreír a Abelardo, por su sonora hilaridad – y en algunos invertebrados como los copépodos, apelativo tampoco falto de gracia pero que además  a Abelardo le recordaba a algo.

El problema es que los mismos organismos que acumulan estas grasas carecen de los enzimas necesarios para degradarlas. En el caso del pececillo de marras, simplemente va acumulando el exceso de nutrientes en forma de estos ésteres grasos que le sirven como aislante térmico en las frías profundidades oceánicas donde habitan. Si uno de nosotros (humano, normalmente) se zampa a este pez, sus jugosas y oleosas carnes pasarán por nuestro aparato digestivo y según entren, saldrán. Cualquier cosa que tras la digestión no sea capaz de penetrar en las células que forman las microvellosidades intestinales (y estas gigantescas e insolubles grasas, no pueden ni entrar ni ser degradadas en componentes más asimilables), seguirá su camino hasta llegar al exterior de nuevo. Ni siquiera pasarán a formar parte de las heces, algo que hubiese tranquilizado a nuestro amigo. Por contra, estas grasas simplemente gotearán, se escurrirán a través de la salida más cercana sin hacer caso de presiones peristálticas ni esfínteres, y gotearán de una manera que no tiene más perjuicio que el psicológico. Este elegante proceso se conoce como keriorrhoea, y a menudo se confunde con la clásica diarrea.

Así acababa el relato del médico. Satisfecho, se dejó caer de nuevo en el asiento y miró a su paciente, que no parecía reaccionar: seguía sentado, con la boca semiabierta y la mirada perdida. El médico –satisfecho como pocas veces tras uno de sus monólogos - apoyó los codos sobre la mesa, la barbilla sobre las manos entrelazadas, y preguntó:

- Y bien, ¿le ha quedado todo claro?¿tiene alguna duda más?

A lo que Abelardo (cuya curiosidad había sido satisfecha aunque su dignidad siguiera sin verse en absoluto restaurada), no pudo responder más que cerrando la boca, y tras un segundo de breve meditación zanjó aquel triste episodio de su vida con las siguientes palabras, poco elegantes, mas cargadas de sentimiento:

- ¡No puedo creer que no sea… caca!

Referencias:

- Diarrea oleosa anaranjada. Keriorrhea inducida por pescado.

Caro Rebollo, J.; Cosculluela Aisa, M.; Beltrán Lacort, F.; Rihuete Heras, M.A. 

An Pediatr (Barc).2011; 74 :67-8 - vol.74 núm 01

 - Orange Poop: Solving The Mystery Of Orange Oil


Esta entrada participa en la VI edición del Carnaval de Biología, organizada por el maestro Copépodo en Diario de un copépodo y con el tema propuesto: “¡No puedo creer que no sea…!”


cabecerabiocarnaval


ACTUALIZACIÓN: Esta entrada ha tenido el honor de llegar a la portada de Menéame, donde también ha suscitado debate entre una legión de afectados por el extraño proceso. Te cagas.

44 comentarios:

  1. Jajajaja, me ha encantado la historia, y es que las historias sobre pedos, cacas y pises nunca pasarán de moda... :D

    ResponderEliminar
  2. Bueno, bueno, bueno ¡BUENO! ¿Por dónde empiezo? Ya con ese título, la entrada es como para llamar la atención, pero es que esa historia de auténtico terror lovecraftiano psicológico (y fisiológico) me ha dejado pegado a la silla. ¡Pobre, pobre, pobre Abelardo! Qué situación tan espantosa, y qué impotencia. Haces bien en no desvelar el verdadero nombre del interfecto ni qué pasó cuando sus amigos se percataron de que había sido sustituido por una mancha grasienta de ésteres cerosos de pescado. ¡Hay cosas que simplemente es mejor no saber!

    Por otra parte, es interesante saber que quien devore grandes cantidades de copépodos se irá por la pata abajo como merecido castigo. Me ha parecido interesantísimo y horrible a la vez, jamás había oído de nada tan espantoso como la keikorrea.

    ¡Salud!

    ResponderEliminar
  3. Increible, cada vez mas sorprendido de la forma en la que dibulgas y el ingenio que demuestras.

    Pobre "Abelardo" ... se quedo en pañales por culpa de un pescado...

    ResponderEliminar
  4. Hemmmmmm, estoooooooooo. y muchas letras infinitas me han venido a la cabeza con esta entrada. Magnífico, sublime la forma de empezar a hablar de las ceras... Cuando estés dando clases en la Universidad, y hables de lípidos, Espero que saque a colación esta historia, y que me llames para ir de oyente jejejejeejejejeje.
    Yo también soy del primer grupo y me encanta la escatológica risa que provoca un pedo o un eructo.
    Enhorabuena de nuevo por tu entrada Dr. Litos. Nos has dejado a todos igual de impedoctados.

    ResponderEliminar
  5. Qué tranquilidad ver que el tema de la caca sigue funcionando... ¡gracias por vuestro entusiasmo! Eso sí, me veo obligado a hacer una puntualización: en realidad la anécdota que me contaron era mucho más escueta, digamos que fue algo así:

    - Tío ¿no te conté lo que me pasó el otro día?
    - ¿El qué?
    - Lo de que me salió aceite naranja por el culo
    ...(segundos en silencio)...
    - No.
    - Ah, pues eso.

    Entonces me comentó lo que había averiguado al respecto, y me mandó un par de enlaces informativos tras darme permiso para convertir el dato en historia. Vamos, que todo el contexto (teatro, consulta del médico etc) me lo he inventado totalmente. Espero que le hayan gustado mis licencias, aún no me ha dicho nada...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. hola, saben a mi me paso eso, mi esposa preparo un pescado llamado corvina, que se prepara frito o asado, pero por el afan lo preparo como un estofado, mi mama comio de esa comida y mi esposa y yo, mi hijo no quiso comer, al dia siguiente mi mama me dijo que habia tenido diarrea oleosa, despues mi mujer me dijo que habia hecho pipi como aceite pero de mas que se echo un pedo jejeje, me ent ere porque me eche un pedo y pense que me cague, me meti en la tina asustado llame a mi mama y a mi mujer, y alli me confesaron que les habia pasado lo mismo, recordando que habiamos comido en comun y habia sido eso, recuerden no guisen la corvina, me lleve un susto y perdi un pantalon.

      Eliminar
  6. Genial, Pratchettiano, qué manejo del lenguaje y la fina ironía, cómo conduce al lector hacia ese clímax de novela!
    Queda demostrado que se puede seguir haciendo humor (y del bueno) con los temas de siempre. El día que dejen de hacernos gracia los chistes de caca será un día triste para la humanidad.
    Voy a difundir la noticia

    ResponderEliminar
  7. jajajaja, lo leí anoche y me estaba descojonando vivo....lo mejor era ver la cara de mi chica como si estuviese viendo un extraterrestre y yo no podía para de reír para explicárselo...señalaba la pantalla en plan E.T ...
    Enhorabuena Dr! Ha sido un gran post ;) ufff, que panzada a reir..
    Quique

    ResponderEliminar
  8. ... y eso que no te conté otros detalles como lo difícil que es adherir un salvaslip a un calzoncillo (y explicarle a tu novia por qué lo has hecho) o el tipo de resultados que aparecen en internet cuando uno pone en google 'aceite por el culo'. Pero ahora que sé el concepto que tienes sobre 'alterar sustancialmente el nombre del protagonista' tendré más cuidado a la hora de revelarte según qué experiencias...
    Mi más sincera enhorabuena por el post y por el blog.

    ResponderEliminar
  9. ¿Puede ser que el protagonista del relato sea usted mismo?, se le he escapado un "seguí sentado, con la boca semiabierta y la mirada perdida"

    ResponderEliminar
  10. Muy bueno esto de temas de pipis y cacas siempre hacen gracia!

    Mi sincera enhorabuena por el post y el blog

    ResponderEliminar
  11. A pesar de que, como sufridor de colon irritado, me siento identificado con Adelardo, quiero darte la enhorabuena por este sesudo post. Me encanta esta forma de divulgar la ciencia...pero esto no te disculpa de tus ataques a mi querida lipoxigenasa por los que serás vilmente repudiado en el reino de las enzimas!!
    Scientia

    ResponderEliminar
  12. Anónimo, siento contrariarte pero eso que mencionas es simplemente una errata (ya corregida, ¡gracias!); eso sí, buenas dotes detectivescas...

    De haberme sucedido a mi, probablemente la hubiera escrito en primera persona sin más vergüenzas, yo soy asín. Además, el propio Abelardo ha comentado el post, ¡qué más pruebas queréis! Por cierto amigo, sólo el comentario ya me ha hecho partirme; ¡no me tientes para escribir una continuación! Gracias por pasarte y comentar, bueno, y por inspirar el post con tu desgracia ;)

    Scientia amigo, poco a poco voy madurando un post para responder cualquier ataque que pueda venir por tu parte. No me he metido deliberadamente con tu lipoxigenasa pero si quieres guerra, la tendrás. No respondo de mis salvajes fosfatasas.

    A los demás comentaristas, ¡gracias! Hacer reír siempre es agradable (si es lo que se pretende, si no, es fatal...)

    ResponderEliminar
  13. Madre mia chaval, esto nos pasó en una residencia universitaria de Málaga hace siete años... A mi me pilló andando por un pasillo y pude ir corriendo al baño sin que nadie se diese cuenta (con ducha épica incluida e incineración de ropajes). Lo gracioso es que nos había pasado a muchos y nadie decía nada (al tiempo que los afectados, en la privacidad de nuestro secreto, estábamos un poco acojonados), hasta que alguien apareció preguntando en el salón de la TV y se averiguó que a media residencia nos había pasado lo mismo... Efectivamente, todos habíamos comido el menú del día: pescado.
    Lo peor es que nos quejamos y avisamos a la dirección, pero una semana después, pusieron el mismo pescado, y aunque todos los que lo habíamos vivido la semana pasado nos abstuvimos de probarlo, los que no habían aprendido lo probaron... y volvió a pasar. Imaginaos 60 personas con cagalera, y sin papel higiénico en los baños, que eran comunes... Fué realmente épico, histórico, y ahora se cierra al circulo pues por fin averiguo (averiguamos) que es lo que realmente pasó. Chapeau por esta entrada, genial, la he compartido con todos los que lo vivimos para revelar el misterio :)

    ResponderEliminar
  14. Me acabas de quitar un trauma del copón... lo mismo que le pasó a "Abelardo" me pasó a mí hace muuuuchos años (que casualidad, también por esa zona) y todavía me acuerdo de como me sentía. Lo que se llega a aprender por ahí.
    No puedo creer que no sea...ciencia.

    ResponderEliminar
  15. Portadaza en MNM, ahí queda eso para el recuerdo y las decenas de miles de lectores:

    http://www.meneame.net/story/no-puedo-creer-no-sea-caca

    ResponderEliminar
  16. Si existiera un "ente" superior que supiera lo que nos ocurre,yo CREERIA en él. Me ha ocurrido ayer un hecho indignante, vergonzoso, aterrador...
    Y hoy,leyendo la portada de Méneame ZAS¡¡ mi aterrador problema medico,social,higienico era explicado con pelos y señales¡¡¡¡¡
    Millones de gracias.

    ResponderEliminar
  17. Muy buena la historia y la forma en que la relatas.

    Además la encuentro bastante más interesante que escatológica... eso que se pierden las personas del tipo 2.

    PD: Tienes mi voto en bitácoras.

    ResponderEliminar
  18. Pues a mi me ocurrió esto mismo hace 15 años. Yo interpreté que no había digerido la grasa de una sopa de pescado (vaya, parece que no me equivoqué mucho). El color naranja lo atribuí al pimentón disuelto en la grasa...

    Gracias por la información.

    ResponderEliminar
  19. A mi me ocurrió este año en el trabajo, sin coche, teniendo que estar unas horas en el trabajo sucio y con pantalones blanco, para más inri. Que mal lo pasé, gracias a mi mujer, que me trajo la ropa me pude cambiar. Me quedé muy extrañado, porque no era diarrea normal y el olor era distinto, es penetrante, aceitosa y todo fue muy rápido.

    Gracias por la explicación.

    ResponderEliminar
  20. Jajajaja, puag, jajajajaja, puag, jajajaja...

    ResponderEliminar
  21. Bufff, un poco tal, pero sin duda lo incluiré en mi repertorio de anécdotas para los sábados extraños

    ResponderEliminar
  22. jajaja, una historia buenisima

    lo que mas me flipa es que haya un paper de 2011 sobre el tema, ademas español tenia que ser

    Saludos!

    ResponderEliminar
  23. Valora en upnews.es: NOTA 1: La siguiente historia puede contener fragmentos ofensivos para algunos lectores, pues existen dos tipos de personas: aquellas a las que les hacen gracia las cochinadas

    ResponderEliminar
  24. Tremendo suceso, y magnífica forma de relatarlo, de nuevo mi más sincera enhorabuena al Dr. Litos y mi apoyo al afectado.

    Me emociona descubrir el gran número de comentaristas que han querido sumarse a la causa y compartir aquí también sus similares experiencias con ese curioso líquido cacoideo, ante lo cual sólo puedo decir... ¡Todos somos Abelardo! ¡Yo también cagué aceite naranja!

    ResponderEliminar
  25. Buena historia. Yo no recuerdo que me haya pasado nunca algo así, salvo reconozco la típica cagalera (a veces más el susto que lo que es) ... pero los resultados me recuerdan a los efectos que produce una medicina para adelgazar que impide que absorbas la grasa y finalmente sale el aceite (aunque por suerte no sale espontánea ... ¿porqué este otro aceite es diferente ahí?) Saludos y gracias.

    ResponderEliminar
  26. No voy a decir que el caso del incomprendido Abelardo me recuerda a otros donde se perdió la dignidad de forma similar... son situaciones para pasarlas!! o mejor, para no pasarlas nunca.
    Gran relato DrLitos!! la aventura, la biología que se explica y la redacción.
    Como siempre, un crack!!

    Pobre Abelardo...

    ResponderEliminar
  27. Bueno, esto es un éxito sin precedentes; agradezco a todos los comentaristas, y doy una bienvenida especial a los nuevos lectores que hayan descubierto el blog por el meneo, atraídos por el olor de la mier**(lo siento era inevitable que lo dijera).

    No me puedo creer que tanta gente haya pasado por algo parecido, al final va a resultar que con esta información estamos haciendo un ¡servicio público!

    ResponderEliminar
  28. buah... creo que he visto el record de cagaleras... año 2000, valencia, campus party, retortijones en medio de la noche, te acercas a las 4 de la mañana al pabellón para ver que todo el mundo está despierto y los retretes están desbordados (de gente y de mieeeer...)! eso si que no tiene nombre, así que tener que andar otro kilómetro rezando por llegar a tiempo hasta el otro extremo del pabellón antes que las ordas terminen con el higiénico :D

    ResponderEliminar
  29. Oh mein gott!! que experiencia más... traumante! Pero a la vez graciosa (si te la cuentan, claro).

    ResponderEliminar
  30. Jefe, haré de abogado del diablo: No me gusta tanto la Caca, cualquier otro de tus hilarantes post de los que hay en esta humilde morada, me parecen igual o mejores que este... (por poner ejemplos recientes:)

    http://jindetres.blogspot.com/2011/09/reunion-de-vecinos.html

    http://jindetres.blogspot.com/2011/07/diario-de-congreso-i.html

    http://jindetres.blogspot.com/2011/06/la-pregunta-maldita.html

    No entiendo este éxito de esta "caca", pero es magnífica tu manera de hacer divulgación a partir de la mierda... compañero, has abierto un filón... eres un visionario.

    ResponderEliminar
  31. Es terrorífico. Me ha recordado que en Canarias existe una especie de morena que no he comido nunca, pero que es vox populi que produce el mismo efecto. En Canarias son muy aficionados a la morena frita, pero si comes esa especie se dice que te manchas la ropa interior o algo peor.

    ResponderEliminar
  32. Brutal !!!!

    A mi una vez me pasó eso (siempre que la sustancia se pareciese sospechosamente al anaranjado jugo en el que vienen los mejillones enlatados xD) Pero lo asocié a algún tipo de intolerancia/alergia...

    Me ha encantado la entrada, sin duda también soy del grupo 1 de personas xD

    ResponderEliminar
  33. JAJAJAJAJA

    Estoy empezando Bioquímica y esta semana me ha dado por descubrir -y empezar a engullir- muchísimos blogs de divulgación. Me encanta tu manera de explicar Ciencia desde el cachondeo, muchas gracias por escribir este blog :-))))

    ResponderEliminar
  34. Simplemente deciros que me acaba de pasar comiendo en un vegetariano con el llamado "pez mantequilla". Fuimos ocho personas y al menos lo he registrado en siete. Gracias por el Post que no quita vergÇüenzas pero tranquiliza.

    ResponderEliminar
  35. Sufro en mis carnes el terrorifico ataque d los mejillones enlatados sin mejillones y espero que termine pronto.lo mejor que el pescado era del bar del hospital en el que estoy con mi recien operado padre.epika situacion la mia cdo sin ropa para kmbiarm ducha ní toalla m vea en apuros.al mens alivia la lectura d la istoria q nu solo m sta pasando a mi!!!

    ResponderEliminar
  36. Muchas gracias a los últimos comentaristas, como ya comenté me sigue fascinando que esta entrada haya resultado un alivio para tantos casos de confusión y terror.

    ¡Mucho ánimo a todos!

    ResponderEliminar
  37. Pensé que moría lentamente por podredumbre interna! Agarróme por la mañana, en el metro...lejos de casa y ni pa' donde correr. Ha sido horrible y tuve que estar así hasta las dos de la tarde que salí del trabajo. Sé que el olor era perceptible! Lo más horrible que me ha sucedido jamás! Pero ese pez de ayer estuvo...fabuloso!

    ResponderEliminar
  38. Madre mia, qué alegría. A mi me ha pasado estando solo en casa, de modo que ningún problema de apariencias. Eso sí, jamás había padecido algo así y es muy chocante. Me he tirado a internet a indagar y me he quedado lívido cuando he visto referencias al cáncer de pancreas y otras aventuras de triste final. Ya me estaba acojonando cuando este hallazgo me lo ha dejado claro: ayer comí cebiche (excelente!)en un restaurante de sevilla.
    Respecto al olor, lo describiría como "Repsol multigrado"
    Dr. Litos, yo soy del grupo 2: jamás me hicieron gracia los chistes de pedos, pero sé apreciar la buena prosa. Y la tuya lo es.

    Enhorabuena y gracias!!!

    ResponderEliminar
  39. Hey! Do you know if they make any plugins to safeguard against hackers?
    I'm kinda paranoid about losing everything I've worked hard on.
    Any suggestions?
    Also visit my blog post ... cheap cigarettes

    ResponderEliminar
  40. Hi there friends, good piece of writing and nice urging commented at this place, I am truly enjoying by these.
    Feel free to visit my page - www.ourfight.us

    ResponderEliminar
  41. Lo mismo que llega desaparece no se que es ni porque me pasa pero me ha pasado dos veces cuando voy a limpiarme confirmo lo que ya me imaginaba el olor es muy raro y diferente a lo uno podria pensar aunque no agradable logicamente.

    ResponderEliminar

Como dijo Ortega y Gasset, "Ciencia es aquello sobre lo cual cabe siempre discusión"...

¡Comentad, por el bien de la ciencia!