jueves, 10 de abril de 2014

Ensayo sobre la piscina (II): De rituales previos y gafas del Averno


" Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza "
Dante Alighieri, La Divina Comedia;
Infierno, Canto III, sentencia 9

PECADOS
Condenado para la eternidad realiza un triple salto del demonio. El jurado enloquece (fuente)

En este capítulo nos zambulliremos de lleno en el auténtico protagonista del presente ensayo: la piscina propiamente dicha. Una vez el intrépido individuo - al que denominaremos en este estado como prenadador - ha conseguido superar la prueba del vestuario, esa cámara estanca que separa el mundo civilizado del infierno azul, se encuentra en el umbral donde ya no hay vuelta atrás. Tímidamente, su pie enchancletado avanza y chapotea en el húmedo, resbaladizo y traicionero suelo que rodea el pozo de inmundicia líquida. Atónito, hace un barrido de 180º con la poca movilidad que el obligatorio profiláctico que corona su cabeza, envasándola al vacío, le permite. Y lo que su atribulado y a estas alturas totalmente desconcertado centro neurológico recibe, podría describirse fácilmente como una imagen sacada de la prosa de Dante Alighieri o extraída de una ventana hacia el Jardín de las Delicias de El Bosco.

PiscinaPetada

domingo, 23 de marzo de 2014

JoF 14: otro opíparo plato de fácil digestión

En esta edición de JoF (Journal of Feelsynapsis) encontramos otra hueste de sabrosos artículos para todos los gustos, paladares y estómagos. En apenas cien hojas (sin contar las ya legendarias portada y contraportada, el índice y los créditos) podréis encontrar variados artículos y reseñas para todos los públicos. Igual de ricos en matices para entendidos paladares, que nutritivas y seductoras para degustadores amateur. 

Si el comensal me pidiese especial recomendación de entre los platos de la carta de este mes,  debería de  abstenerme por dos razones: la justicia que impone el saber que sobre gustos no hay nada escrito y el temor a recomendarlo todo.  Sólo puedo recomendaros que, si os pasa como a mi que soy de esos que comen las letras lentamente, os dejéis seducir por los titulares y devoréis los textos uno tras otro, acorde con vuestra predilección. Si por el contrario, sois ávidos lectores, no encontraréis ningún problema en dar cuenta de todos los platos en riguroso orden desde los entrantes hasta el postre. En cualquier caso os percataréis de que, como ya viene siendo habitual en esta vuestra casa, incluso tan vasta y variada selección no sólo es muy fácil de masticar sino también de digerir.

Así que sin más, aquí tienen ustedes su carta, elijan cuánto quieren, tienen bufete libre al módico precio de gratis.




Espero que les deleite y además les aproveche. Si tienen alguna petición especial para próximas comilonas o, por que no,  alguna reclamación, aquí tienen al chef y los cocineros, no duden en reclamar su atención:

BON APPÉTIT
 
NOTA DE Dr. Litos: Descubriréis en este número jugosos detalles acerca de la creación de esa magna obra de ciencia ficción y divulgación científica conocida como The OOBIK; si os quedáis con ganas de más, justo hace unos días la compañera Galiana nos entrevistó en el programa de radio El Astrolabio, pinchando en este enlace podéis oír nuestras seductoras voces y conocer aún más cosas del cómic y la web más moleculares del momento.






jueves, 13 de marzo de 2014

Ensayo sobre la piscina (I): De los vestuarios y su fauna endémica

La piscina, ese remanso de frescor entre los ardores del verano, oasis cristalino donde abreva el cansancio estival, reminiscencia de la quietud y paz del útero materno. Qué sería de nosotros sin esta artificial imitación del agua primigenia donde nuestros ancestros comenzaron su oxigenada andadura, un viaje en el tiempo que nos devuelve a la infancia, chapoteando sin complejos como si no existiese un seco mañana al que retornar.

Pero como todo en este universo, la piscina tiene un reverso tenebroso, un lado oscuro, un yang, una cara marcada en el dólar de plata. Frente a la inocente y pura piscina de verano al aire libre, el ser humano en su retorcimiento infinito creó... la piscina de gimnasio.


Muchos investigadores perdieron su salud documentándose para el presente ensayo. Honren su sacrificio leyendo hasta el final (imagen)

domingo, 9 de marzo de 2014

Una legión de Super Seiyan...


Era un día como otro cualquiera en el laboratorio. El día anterior había realizado una transfección rutinaria para expresar una proteína con la que estamos trabajando. El procedimiento fue el de siempre. Usamos uno de esos reactivos comerciales para introducir un plásmido en unas células HeLa. Este plásmido expresaba nuestra proteína unida a otra llamada GFP (una proteína verde fluorescente). Hasta el momento habíamos trabajado con nuestra proteína usando  técnicas como el Western Blot.  Pero aquel día me disponía a llevar a cavo un experimento diferente. Habíamos pensado que sería muy interesante poder ver en qué parte de la célula se encontraba nuestra dichosa proteína y cómo se comportaba durante el proceso de mitosis celular. Las células HeLa que utilicé tienen una peculiaridad: con anterioridad, marcamos su cromatina (ADN + proteínas que lo empaquetan) de rojo, mediante una proteína llamada mCherry unida a una de esas proteínas que empaquetan el ADN. Esta característica hace posible poder seguir el destino de la cromatina durante todo el ciclo de división celular y es una técnica muy usada en los laboratorios de biología celular.

Para ver estas cosas, ahora, disponemos de microscopios capaces de hacer verdaderas películas. Sí, grabamos a nuestras minúsculas células, las espiamos durante su vida diaria para ver cómo se comportan ellas y las moléculas que llevan dentro.
Pues bien, cuál fue mi desilusión cuando, ya una vez en el monstruoso microscopio, comprobé que la transfección rutinaria no había funcionado todo lo bien que debiera.  Normalmente, se asume que una transfección es buena cuando más de un 50% de las células expresan la proteína que les has introducido. Mi transfección aquel día no superaba el 5%, lo supe en cuanto pulsé el gatillo del láser…. Solo unas pocas células brillaban verdes, ¿dónde demonios estaba mi proteína fusionada con GFP? ¿por qué no la expresaban las malditas…?

En fin, era ya tarde y decidí que, aunque había pocas células de color esmeralda, con un poco de suerte alguna de ellas se dividiría (entraría en mitosis) durante la noche, permitiéndome ver la localización de mi proteína en el film a la mañana siguiente. Así que busqué unas cuantas células verdes entre la multitud oscura (solo visible por sus núcleos rojos), fijé sus posiciones y punto focal en la tabla de coordenadas, ajusté los fotogramas por minuto y la intensidad de los láseres, apague las luces del control de mandos, pulsé el botón que iniciaba la grabación continúa durante 10 horas y me fui a dormir como un niño la noche de reyes…

…y, a la mañana siguiente cuál fue mi sorpresa cuando, allí, en un rincón de la pantalla, una oscura célula se incendió de verde ante mis ojos, nunca lo había visto antes. Había grabado la síntesis súbita de GFP. Muchas lo hicieron, se incendiaron una tras otra, sin prisa pero sin pausa...





La explicación era simple, se me había pasado por alto que el protocolo utilizado para introducir el ADN tiene un efecto paulatino y el máximo de expresión de la proteína, cuando se mide por Western Blot,  se alcanza a partir de las 48h después de la transfección. Yo había puesto las células bajo el microscopio tan solo 24h después.

Además, hubo suerte, algunas de las células que ya eran verdes al principio de la grabación, se dividieron, permitiéndonos ver como se comportaba nuestra proteína en relación con la posición de la cromatina marcada de rojo. Sea como fuere, yo, me volví al laboratorio desde la sala del microscopio con la sensación de haber presenciado la transformación de una legión de Super Saiyan.



Nota: Los asiduos lectores del blog habrán notado que, aunque el menda no es que sea muy prolijo en contribuciones bloguiles, en los últimos tiempos aún ha decaído más. Esto se ha debido en parte a la falta de ideas pero también a la falta del tiempo para profundizar en algunas de ellas con el detalle y la rigurosidad que a servidor le gusta. Lo que pretendo con este cortofrikipost es iniciar una serie de post cortos introduciendo algunos conceptos biológicos, bioquímicos y de rutinas de laboratorio de la manera más amena que pueda. No entraré con mucho detalle en ninguno de ellos (que luego salen post muy completos pero son un tostón y volvemos a lo de la falta de tiempo). En su lugar, pido a los lectores que tengan dudas acerca de ellos o de otros que se les ocurran, que nos pregunten directamente. Aunque algunos los enlazaré directamente con la socorrida wiki o con posts relacionados, por si alguno no se puede resistir a alcanzar el saber.




martes, 25 de febrero de 2014

Dos razones para estudiar las enfermedades raras

Un ser humano está construido en base a la información contenida en aproximadamente 20.000 genes. Cada uno de esos genes es una pieza que desde el mismo momento de la unión entre óvulo y espermatozoide comienza a funcionar para conformar lo que poco a poco irá creciendo y completándose hasta ser un ser adulto e independiente. Durante toda la vida de dicho ser, esas 20.000 instrucciones seguirán presentes: algunas estarán constantemente siendo utilizadas, otras permanecen latentes, otras se silenciarán en determinado momento; pero el ser adulto no necesitará nueva información para seguir viviendo hasta el fin de sus días. En un caso ideal, las 20.000 dosis de información contendrán un número de errores o imperfecciones lo bastante pequeño como para que el individuo lleve una vida relativamente cómoda, consiga reproducirse (si lo desea) y viva tantos años como físicamente sea posible (obviando muerte por causas accidentales). No hace falta ser matemático para imaginar que este caso ideal es altamente improbable: todos, absolutamente todos y cada uno de nosotros portamos tal cantidad de errores en nuestros genes que es más probable que ninguno encajásemos en lo que se pudiese definir como un “ser humano estándar”; como se suele decir, todos tenemos “nuestras teclas” y en cierto modo es reconfortante pensar que en realidad no existe una norma a la que nos acercamos en mayor o menor medida, sino que la especie humana conformamos un conglomerado de variedades genéticas en cuya diversidad reside un gran potencial, así como una gran belleza. Pero hay algunas de estas variedades genéticas que traen acarreados graves problemas para la salud, y su proporción en un grupo humano de gran tamaño es tan baja, que constituyen una rareza. Esto es, a grandes rasgos, lo que define a las enfermedades raras. Es fácil entender que esta “rareza” se debe, pues, a una mínima presencia comparada con otras enfermedades debidas a causas  más comunes, y por eso se llaman también enfermedades minoritarias.

RareDiseaseDay

martes, 11 de febrero de 2014

II Congreso de Investigación Biomédica 2014: participen, asistan, ¡disfruten!


Los lectores asiduos (los dos o tres) recordarán que hace máomeno un año anuncié a bombo y platillo mi participación en la organización de unas Jornadas de Investigación alojadas en la Facultad de Medicina y Odontología de la Universitat de València. Las jornadas finalmente fueron un éxito, un éxito tal que este año se repiten pero de forma mutada, aumentada y mejorada: y así nace el II Congreso de Investigación Biomédica 2014, que como véis suena más molón y cañero, y viene cargado de posibilidades de participación que desde aquí os animo a plantearos muy seriamente porque aún tenéis unos días, hasta el 14 de febrero, para presentar vuestra propuesta de comunicación oral, póster o Speed Talk (esto último es especialmente interesante: charlas cortas de 5 minutos para exponer tu proyecto biomédico o biotencológico). Todas estas actividades tienen premio, así que ya sabéis, menos comparar bombones y gaitas y más apuntarse antes de San Valentín. Podéis pinchar aquí para obtener más información e inscribiros en cualquiera de ellas.


domingo, 9 de febrero de 2014

La célula, una ciudad microscópica

El pasado 23 de enero tuve la suerte de ser invitado a participar en la semana de la ciencia del colegio La Purísima, aquí mismo en Valencia. La invitación vino por parte de una amiga, Sonia Vara, profesora en dicho centro y que pensó que podía ser una experiencia interesante para los alumnos de 3º y 4º de ESO escuchar algunas locuras biológicas de boca de un tipo que se dedica profesionalmente… pues a eso, a hacer locuras biológicas. El otro profesor implicado, José Manuel Poveda, también pensó que sería una buena idea y además aprovechó para matar dos pájaros de un tiro y proponerme que le diese una charla orientativa a los alumnos de bachillerato de ciencias. A mí, que me encanta hablar de ciencia, me mola dar charlas, me fascina contar los detalles de mi trabajo como investigador y además soy un firme convencido de que la enseñanza secundaria es un punto clave a la hora de centrar esfuerzos docentes y formativos para poder tener algo de fe en el futuro de nuestro país de pandereta (podéis parar a respirar, reconozco que me he pasado con esta última oración subordinada), no me costó ni un segundo decir SÍ.



Y claro; luego con calma, cuando recapacitaba en la Batacueva, me percataba de que hablar de células y moléculas a chavales de 14 y 15 años podía ser muy difícil. O muy aburrido. O ambas cosas a la vez. De modo que hice crujir mis nudillos, abrí el pouerpoint y sin más dilación me lancé a componer una charla sobre la célula. La idea de la charla era simple: explicar qué hace que un tipo de célula sea tan diferente de otro, y sin embargo tengan muchísimas cosas en común. A partir de aquí, compuse un viaje al interior celular que nos permitió entender cómo funcionan las células y cómo hacen para ser muy diferentes unas de otras. A raíz de esto, explicar porqué los seres humanos somos tan distintos, o cuál es la base de la mayoría de enfermedades y cómo estudiar la biología celular nos permite aprender a curarlas, salió solo. Fue una oportunidad perfecta para utilizar los conceptos que manejamos en OOBIK (¿cómo? ¿que aún no sabes qué es OOBIK? Anda lee esto y luego pincha aquí. Por favor.) y de ahí el título de la charla: la célula funciona como una ciudad microscópica, llena de carreteras, estructuras y edificios, y poblada por habitantes que realizan todos los trabajos necesarios para mantener dicha ciudad: esos habitantes no son otros que las proteínas.

Uno de mis primeros intentos por captar la atención de la muchachada. Sí, ya sé que le chica igual está un poco pasada de moda para los jovenzuelos, pero es mi charla y pongo las macizorras que quiero, ¿vale?


Para esta diapositiva sí me asesoré un poco para saber qué le gustaba a los chicos de hoy. El twitter, qué gran invento (y gracias @bioamara por las sugerencias).


Litos junto a un espermatozoide gigante. Seguro que cuando me invitaron no esperaban enfrentarse a cosas así.



El gran momento de la charla fue cuando, para ilustrar todos los procesos que tienen lugar dentro de las células, y poder ejemplificar la manera en que las interacciones entre proteínas y estructuras celulares desencadenan y regulan los procesos biológicos que hacen que funcione nuestro organismo, proyecté el famoso video The inner life of the cell (video que ya os introduje en esta entrada); eso sí, maqueado a mi estilo (vamos, con la música de la peli Man of steel de fondo, tampoco me pidáis más). La verdad es que ver las vesículas del aparato de Golgi avanzar hacia la membrana cargadas de receptores, coincidiendo con el crescendo de la música, quedó bastante épico. Os inserto aquí el montajillo:




Además, como en el colegio son así de molones, hicieron un reportaje gráfico cuyas imágenes podéis encontrar en este enlace (las dos fotos de la charla han salido de ahí). Y además en el blog que los profesores de biología han creado para mantener actualizados a los alumnos también se han comentado cosas al respecto. Particularmente me llena de orgullo y satisfacción que algún chaval ha dejado incluso algún comentario diciendo que la charla le pareció interesante. Aunque haya sido para pelotear a los profes y subir nota, pues oye, ilusión hace igualmente.

Llenazo en el salón de actos. 

En fin, como veis, al final me lo pasé de miedo preparando el asunto y soltando mis rollitos. Pero es cierto que acudí a la cita con bastante temor: ¿sería un peñazo para los estudiantes todo lo que les iba a contar? ¿sacarían alguna conclusión? ¿me harían alguna pregunta, o se dormirían a mitad presentación? Si hubiese sabido por un segundo lo que me iba a encontrar, no hubiese sentido ni una pizca de inquietud. Los chavales no sólo estuvieron atentos desde el principio hasta el final: rieron, aplaudieron, bromearon, mantuvieron silencio cuando tocaba, hicieron preguntas... y ojo, que no se limitaron a preguntar cuatro tonterías para quedar bien y cumplir. Hubo algunas preguntas alucinantes que demostraban no sólo que habían atendido, sino que además le daban al coco y ponían en contexto lo escuchado junto a otros conocimientos o anécdotas que ya habían adquirido en otra ocasión. A mi modo de ver, el éxito fue rotundo.

Y respecto a la gente de bachillerato, otro tanto. En este caso era de esperar un mayor interés de base, ya que algunos de ellos se planteaban hacer una carrera investigadora, o sencillamente no sabían con certeza en qué consiste esto precisamente. Aquí fue más fácil hacerme con la audiencia, y la verdad, aunque ninguno se dedique a la investigación el día de mañana, por lo menos tendrán una idea bastante concreta de qué se hace en este campo profesional y porqué es importante. Creo que esto es ya un punto considerablemente positivo, y demuestra la importancia de la labor divulgativa y lo serio que debemos tomar el transmitir nuestra experiencia y entusiasmo  a la gente joven que serán los adultos del mañana. Tal vez de este modo, en unos años lleguemos a olvidar lo tristemente que se ha tratado la ciencia durante los años que nos ha tocado vivir en este nuestro país, y lo perdida que está una sociedad que no sabe ni valorar ni proteger el importante legado que la cultura científica tiene para todas las personas que habitan en un mismo entorno

En momentos como éste uno se alegra de no poder leer las mentes

Desde luego, mientras existan profesores como Sonia y José Manuel, hay una pizca de futuro que pinta increíblemente esperanzadora. Y la verdad es que sólo puedo desear que su ejemplo cunda entre la comunidad docente. Es el mejor deseo que puedo tener para las futuras generaciones: profesores comprometidos, entusiastas, sin miedo a arriesgar y a conocer cosas nuevas, y dispuestos a hacer de sus clases algo más que simple traducción de contenidos en papel. No son los primeros que conozco que tratan a sus alumnos de este modo (contaré más experiencias similares que he vivido recientemente, en otra ocasión), y espero que cada vez haya más. Les doy las gracias por haberme invitado, y por trabajar de forma tan ejemplar, agradecimiento extensible a todo el personal del colegio que hizo posible esa Semana de la Ciencia.

Y a los chavales... gracias por escucharme y por aguantar mis tonterías. O al menos por disimular tan bien.



domingo, 2 de febrero de 2014

Mejor búscate otro hobbit

- Hola, señor Frodo, ¿le puedo molestar un momentito?

- Hola, Sam. Anda, pasa.

- ¿Seguro que no le interrumpo? No quisiera importunarle.

- Que pases, Sam, que pases.

- Gracias señor Frodo. La verdad es que tiene que ser muy molesto ser interrumpido cada dos por tres cuando uno está terminando de escribir... por cierto, ¿cómo va la cosa?


martes, 28 de enero de 2014

Dardos vienen y van

Antes de seguir con la programación habitual de este blog científico-lúdico, que está últimamente un poco estancado, debo hacer mención a un acontecimiento poco habitual. Resulta que recientemente esta humilde bitácora ha sido mencionada en dos ocasiones en razón del premio Dardos. Como muchos no sabréis qué es esto (yo tampoco lo sabía), os pego la explicación a continuación:



Premio Dardos

domingo, 12 de enero de 2014

Y al final, cada uno en su atalaya.

Llevo una hora sentado mirando por la ventana, viendo el desierto a 900 metros de altura en que nací, frente a una página en blanco, volando a metro y medio del suelo y pensado en que más puedo hacer yo, un cientifiquillo del montón por la ciencia (y al fin y al cabo, por la sociedad de este país).  Solo veo un muro, un abismo.