lunes, 22 de diciembre de 2014

Cuando tus células se jubilan

El término senescencia sugiere vejez, desgaste, edad avanzada. En biología, existe un término conocido como senescencia celular, que se relaciona con la forma en que los tejidos que forman nuestros órganos envejecen, se desgastan y, básicamente, nos dejan hechos un cromo. Pero como sucede muchas veces con la manía que tenemos los científicos de poner etiquetas a las cosas, el tema es más complejo de lo que suena, y la idea que transmite la palabra no se corresponde del todo con la realidad. Vamos a indagar un poco - pero un poco solo, tranquilos - en el tema, porque la verdad es que es un mecanismo fisiológico muy curioso, este de la senescencia celular.

Viñeta cortesía de @MolaSaber, por encargo de un servidor. El tío captó perfectamente la idea, basándose sólo en 140 caracteres de explicación y sin leerse el post (que de hecho aún no estaba ni escrito). No dejéis de seguirle para disfrutar de sus geniales infografías en molasaber.org


Como digo, al pensar en una célula senescente uno imagina una pobre célula ajada y marchita, exhausta tras años de vida y funcionamiento, sin energía ni recursos para poder seguir cumpliendo su función, y muriendo por fin. Así se explicaría que los tejidos orgánicos, con el tiempo, fuesen envejeciendo. En realidad, la senescencia celular, aunque es un fenómeno que se incrementa con el paso del tiempo, no debe entenderse así. Una célula se dice que entra en senescencia cuando cumple con los siguientes requisitos: que su ciclo celular se detenga, es decir, que no se divida para dar lugar a más células mediante el proceso llamado mitosis que te suena porque lo estudiaste en el colegio; y que su fenotipo cambie de una manera concreta, es decir, que su programa genético habitual se vea alterado y la célula adquiera una serie de características nuevas, especialmente, en la forma en que se comunica con el exterior y con otras células vecinas. Ambos procesos tienen como finalidad evitar que un daño producido en la célula se propague; habitualmente, se suelen acumular defectos en el ADN que no conviene perpetuar, con lo que el primer paso es dejar de replicar el ADN y dividirse. Si estos fallos persisten, o se acumulan demasiados, o falla la respuesta para corregirlos (sí, las células tienen un montón de ases en la manga), el programa genético activa una serie de recursos que hace que la célula, además de cesar en sus funciones, de la voz de alarma llamando la atención del sistema inmunológico para que la retiren del servicio. Esta es una medida menos drástica que la apoptosis (también conocida por el rimbombante y tétrico nombre de "muerte celular programada"; si queréis un día hablamos de esto, entre tanto podéis haceros un aperitivo con este capítulo de Batablanca). Es una forma suave, podríamos decir, de quitar del medio a quien ya no puede cumplir con sus funciones pero sin saber todavía qué se debe hacer con él. La analogía que he escogido es la de la jubilación: la célula, según la edad del organismo, no es especialmente "vieja", pero ya no cumple con su cometido y lo mejor es quitarla de en medio. Se jubila, deja de dividirse, y ya se verá qué pasa con ella. Es un poco deprimente comparar la jubilación con esto, pero la otra opción era hablar de eutanasia y eso me parecía más deprimente aún. La relación con el envejecimiento, por otra parte, es obvia: con el paso del tiempo, por una mera cuestión estadística, la acumulación de fallos en tejidos cuyas células se dividen muy a menudo da lugar a abundantes procesos de senescencia, y los tejidos pierden la capacidad proliferativa de antaño. Como las cosas en biología nunca vienen solas, el mismo proceso de envejecimiento conlleva un agotamiento de los reservorios de poblaciones de células troncales, encargadas de renovar de forma continuada la mayoría de tejidos del organismo. Sí, me refiero a las famosas células "madre", un nombre muy desafortunado. A decir verdad, ni células "troncales" ni células "qué pasa tronco" me acaban de convencer. Como veis, los científicos somos muy difíciles de contentar en lo que a términos rigurosos se refiere. 

Según los detalles de la senescencia celular se iban descubriendo, muchas voces clamaban por el inminente descubrimiento de la fuente de la eterna juventud en la capacidad de frenar estos procesos celulares. Y por enésima vez, la complejidad de los sistemas biológicos ha puesto en evidencia lo absurdo de estas afirmaciones. La senescencia es un proceso fisiológico necesario: sin ir más lejos, supone uno de los más importantes procesos de frenado ante células que pueden tornarse cancerígenas, puesto que las acumulaciones de mutaciones y daños en el ADN están en la base de los procesos de malignización, cuyo efecto aditivo puede contrarrestarse al cesar la replicación de la célula que comienza a atesorar mutaciones. La senescencia se ve influida por muchos factores, y por supuesto conocer cómo funciona puede ayudarnos para aliviar síntomas en enfermedades que producen una regulación alterada de todos estos procesos. También se ha encontrado que las células senescentes producen, como consecuencia del cambio de fenotipo mencionado antes, una serie de alteraciones en su patrón de secreciones externas, que actúan como señalizadoras y comunican con las células vecinas, transmitiendo la senescencia y "jubilando" a células vecinas a las que no se ha consultado previamente. Todo esto conviene mantenerlo a raya, y por tanto, la interconexión entre la respuesta inmunológica y estos procesos es crítica: si falla una, la otra se ve alterada. Lo dicho, muy complejo todo.

¿Qué conclusiones podemos extraer de todo esto? De entrada, confirmar la complejidad de las poblaciones celulares y los procesos que regulan el recambio de células que las forman; además, que el envejecimiento tiene, como todo en la vida, su lado bueno y su lado malo, y probablemente no podamos nunca aspirar a vivir jóvenes para siempre (aunque sí con vejeces más llevaderas); y finalmente, que dado el panorama laboral y económico en nuestro país, dentro de unos años será más que probable que la mayoría de nuestras células se hayan jubilado mucho antes de que nosotros podamos hacerlo. Una afirmación tan paradójica como inquietante, sin duda.


2 comentarios:

  1. ¡Enhorabuena por el cortofrikipost!
    Te comento una duda que me surgió nada más comenzar el artículo, cuando dices: "envejecen y nos dejan hechos un cromo". Quizás es cosa mía, pero yo lo asocio como algo positivo. Más bien diría "hecho unos zorros"... :-)
    ¡Saludos desde Asturias!

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  2. Pues vaya, la verdad es que no eres el primero que me lo dice. Bueno sí, fuiste el primero, pero me lo ha dicho más gente después XD Hay que ver, lo que aprende uno cuando intenta explicar otras cosas. Pensaba que parecer un cromo era inequívocamente ir hecho unos zorros, pero al parecer no hay consenso al respecto. Gracias por la puntualizción, a ver si alguien más se une al debate.

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