martes, 5 de abril de 2011

Al bocata, sin bata

Es una agradable mañana de una recién estrenada primavera. La temperatura, ni demasiado fría ni demasiado cálida; el día es luminoso, sin llegar a deslumbrar. Sopla una suave brisa, que se recibe en el rostro con alegría. La ciudad recién despierta bulle con el ir y venir de la gente: la zona universitaria presenta su propia fauna, especialmente en los alrededores del Hospital, donde los trabajadores se mezclan con pacientes, estudiantes, y otros transeúntes de diversa índole.

 Durante el habitual proceso de documentación googlélica para el post, 
me encontré con esta interesante revelación: ¡nos han plagiado a Batablanca!

Cruzo una calle, y atravieso la parte de atrás de las instalaciones hospitalarias, por una acera donde una larga sucesión de bares han ido medrando gracias al momento del almuerzo de los trabajadores de locales cercanos. Sería difícil adivinar cuál es el origen de estos trabajadores, si no fuera porque... un momento, en ese grupo de gente uno de ellos va vestido completamente de verde... en la mesa de al lado, puedo distinguir un hombre de mediana edad, con una bata blanca sobre sus ropas... otra mesa más allá, no hay uno sino dos, no, tres personas ataviadas con batas de hospital; sigo cruzando por entre las mesas, asombrado... ¡enfermeras y enfermeros con su uniforme verde! Espera, algunos de ellos lucen algo más, una especie de alhaja al cuello... ¡oh, no! Es un estetoscopio, que cuelga grácilmente, reflejando los rayos del sol mientras oscila colgando de las jóvenes doctoras embatadas que toman el almuerzo.

Al contemplar este espectáculo, una sucesión de imágenes e ideas invade mi atribulado cerebro: imagino, de repente, el estetoscopio cayendo sobre el plato de patatas bravas, y a la doctora limpiándolo de ajoaceite disimuladamente con una servilleta (sí, esas servilletas de los bares, las que van en incómodas cajitas con afilados bordes metálicos y están fabricadas con el material menos absorbente sobre la faz de la tierra). Imagino a continuación ese mismo estetoscopio sobre el pecho de un inocente joven, que se pregunta mientras le auscultan porqué le estarán entrando ganas de irse a tomar unas cañas. Imagino también a la enfermera derramando sobre su uniforme un plato de puntilla, levantándose sobresaltada y tropezando con el cenicero (recordemos, en las terrazas de los bares aún está permitido fumar; al menos por ahora) vertiendo así el chamuscado contenido sobre el mismo uniforme, dando lugar a una curiosísima mezcla de rebozado y cenizas que jamás, jamás abandonará del todo esa prenda. Veo a esa enfermera volviendo a su puesto de trabajo, apoyando sobre su regazo paquetes de material estéril mientras los va abriendo, espolsando restos de ceniza y puntilla sobre el límpido y estéril (ya no) pavimento del quirófano.

Pero mis visiones tienen también una aterradora simetría: imagino a ese médico que se toma un café tranquilamente mientras lee el diario gratuito (publicación oficial y patrocinadora de cualquier almuerzo en horas de trabajo que se precie); lee, como digo, tranquilamente, sin recordar que hace escasos minutos un paciente bronquítico ha tosido muy cerca de esa misma bata que ahora se posa sobre la mesa en la que, minutos más tarde, se sentará una feliz pareja a hacerse mimitos entre picada y picada de una ensaladilla rusa aliñada con suculentos Mycoplasmas .


Lo primero que provocan estas imágenes es indignación absoluta, claro está: ¿quién se creen estas personas, para jugar así con la higiene de los lugares públicos, especialmente de lugares dedicados al ocio gastronómico? ¿Y qué responsabilidad muestran para con su lugar de trabajo, ese templo de la pulcritud y la esterilidad que debe ser un lugar de sanación y cuidados como un hospital?


Pero debo calmarme, me digo. Tiene que haber una explicación. Nunca he trabajado en un hospital, por tanto desconozco las costumbres que debe haber en cuanto a la vestimenta, y sus reglas de cara a salir a la calle con ella. Tal vez sólo me esté basando en mi experiencia personal, pues en mi trabajo también se lleva bata. Y en mi trabajo, estoy en contacto diario con todo tipo de microorganismos y sustancias nocivos para la salud, de ahí el usar una bata para evitar el contacto con ellas. La precaución es doble: si salgo del laboratorio, debo dejar mi bata atrás, pues podría llevar conmigo trazas de esas sustancias y manchar otros lugares, o peor aún, otras personas. No puedo imaginar que en los hospitales el razonamiento sea muy distinto. Lo cual hace que me plantee otras posibles explicaciones: una, podría ser que el tedio diario de quitarse la bata cada dos por tres haya terminado por hacer que los usuarios desistan, y por pura desidia salgan al almuerzo con la bata puesta sin importarles. Segunda, que de alguna manera, en el mundo hospitalario el mostrarse en todo momento con bata sea una muestra inequívoca de rango y autoridad, y los médicos la luzcan como demostración de que no son ni enfermeros, ni técnicos, ni ninguna otra cosa: son DOCTORES (no de doctorado ojo; no confundamos). Salen a la calle con la bata abierta, ondeando cual orgullosa bandera. Cualquiera de estas dos opciones me parece tan absurda en sí misma, que me empeño en buscar alternativas: sólo se me ocurre que la necesidad para enfermeros y médicos de estar cubiertos por la bata sea tal, que hayan escogido tener un juego limpio exclusivamente para salir a almorzar fuera del hospital. Sería higiénicamente lógico, aunque racionalmente estúpido.


Se me podría criticar - reflexiono, ya casi llegando a mi lugar de trabajo y debiendo zanjar la cuestión - que no estoy teniendo en cuenta que las batas y uniformes tan denostadas podrían estar perfectamente limpias; la opción segunda mencionada más arriba, de ser cierta, implicaría una higiene total y absoluta (siempre y cuando, maticemos, al volver del almuerzo la prenda fuese automáticamente descartada antes de entrar en contacto con el hospital y sus pacientes) sin yo saberlo. Y ahí, me doy cuenta enseguida, radica el quid de la cuestión: yo no puedo saberlo. Señores embatados, yo no sé ni dónde ha estado su bata ni dónde va a estar. Pero esa prenda ha sido inventada para evitar el contacto de seres y sustancias potencialmente dañinos, incómodos o sencillamente asquerosos para el ser humano y, por tanto, correlaciona con una sensación de asco, repugnancia e insalubridad. No es, por tanto, moralmente saludable llevarla puesta en un entorno cercano a la ingesta de alimentos. Y esto siendo muy estricto, pues tampoco me apetecería encontrarme gente embatada en el autobús, el cine, o la bolera.

Así que aprovechando este foro de debate abierto que es una página de internet, lanzo esta pregunta en forma de absurda reflexión con la esperanza de que alguien me resuelva de una vez por todas la duda de porqué está tan asumido que en los alrededores de las instalaciones hospitalarias y lugares públicos cercanos la gente se pasee, fume, coma y beba portando una indumentaria que se ha concebido con la función principal (si no única) de servir como receptáculo de roña. Podría decirse que es una prenda ideada para vestir en suciedad, no en sociedad.

Hasta que obtenga dicha respuesta, seguiré recitando muy orgulloso el lema que leí en uno de los laboratorios de la facultad (la de Medicina, precisamente), en un simpático cartel ilustrado por Ortifus para la campaña de prevención de riesgos de la Universitat de València:


(que traducido al castellano sería "Al bocata, sin bata")


 Una rima tan sencilla, que echando la vista atrás me doy cuenta de que no hace falta leer más que el título del post para entender todo lo que quería expresar, puesto que un blog es el peor enemigo de la capacidad de síntesis.


Que ustedes almuercen bien.

Y si no, prepárense a sufrir la ira justiciera de Bataman.

8 sesudos comentarios:

  1. Hoy hemos comentado exactamente lo mismo justo después de comer. Casi irrumpimos en la conversación de esos señores abatados y descubrimos el misterio, pero la posibilidad de contagio era demasiado grande y lo hemos dejado estar.

    Discrepamos en nuestro voto,
    "La" cree que la costumbre es la causa de todo el enredo. Asegura que aun tiene fe en la humanidad, mientras ríe y los llama vagos.
    "Les", en cambio, piensa que todo es causa de un complejo no superado y/o de una herramienta para ligar.

    ¡Abatados y demás gente verde! ¿Nos leéis? ¡Comentad y descubríos!

    Carcar Lales

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  2. Entonces a esos señores que van con bata, me pregunto...tengo que hacerme una resonancia, ¿me dejarán hacermela con la chaquetilla y el delantal de cocina? Gracias por sacarme de dudas.

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  3. Debe de ser el tema de la semana, porque también lo comenté el otro día con una compañera!!

    Quién no ha oído decir a su abuela, que hay que ir siempre bien aseado y con ropa interior lo más decente y nueva posible; por si ("Deu no vullga",que diría mi abuela) acabase uno en la sala de urgencias de algún hospital!! Y que luego el señor@ doctor@ te atienda con manchas del ajo-aceite de las bravas!!! ... en fín, ironías de la vida!!

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  4. Yo creo que no se quitan la bata para proteger sus carísimas vestimentas de las manchas de los típicos almuerzos (Café + algo pringante).
    Manchas imposibles de sacar!!!!

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  5. Pues ya quisiera yo desvelarte el secreto de tan magno misterio, asqueroso por cierto, pero va a ser que no. A ver si quien que lo haga nos puede sacar de dudas! de las dos opciones que sugieres, yo quiero pensar que el sentido común que ayuda a que un médico dé un pronóstico y un posterior tratamiento, no es el responsable de esta actitud. Y por otro lado, la segunda opción, como bien dices me parece absurda y quiero pensar que tampoco es la razón... ¿?

    Muy bueno tu post Dr. Litos.

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  6. Bueno, parece que ningún médico va a sacarnos de dudas. Me alegra al menos comprobar que la mayor parte de los lectores (los que s ehan manifestado, al menos) tenían también esta inquietud. También me han comentado por twitter que en la Universidad Autónoma de Barcelona han prohibido el uso de la bata en la cafetería, así en plan oficial con cartel y todo; luego tampoco iremos desencaminados. Gracias a Carcar Lales por el entusiasmo, me alegro que no os hayáis contagiado nada raro con vuestras dudas y pesquisas. Eso sí, la próxima vez haced los comentarios por separado, que así luce más el post!

    También acertadísima la observación de Juan"San"; imagínate colega la cara de los médicos si te plantas a hacerte un TAC con el mandil lleno de grasaza del jamón. Mal rollo, ¿verdad?

    Xofa y el comentarista anónimo también destacan cuestiones no menos importantes: las pobres abuelas, con lo que han luchado por nuestro aspecto, y la calidad de las prendas que deben protegerse a toda costa. Por eso servidor viene siempre al laboratorio con sus peores galas, por si las manchas.

    Amara, me alegro que te haya gustado el post pero como ves no hemos resuelto el misterio, y es evidente que el sentido común se escaquea al menos durante la hora del almuerzo.

    Gracias a todos por el interés demostrado, Bataman estaría orgulloso.

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  7. Ciertamente me ha encantado esta entrada porque resume lo que yo llevo pensando y odiando desde hace ya años. Es una pequeña guerra particular la que tengo contra los médicos y mas concretamente contra la mala praxis en todos los aspectos que los rodean.

    Me gustaría destacar algunas cosas más. El hecho de salir del trabajo con el uniforme, no se limita a médicos. Enfermer@s, Celador@s, Paramedic@s, Fisioterapeutas, y hasta las señoras de la limpieza de un hospital, tienen la puñetera costumbre de salir con el uniforme a tomar su tentempié matutino. Parece ser que es algo que va con el currar en un hospital porque hasta la gente de laboratorios de investigación y diagnóstico clínico de los hospitales, tienden a esta costumbre....aun trabajando en un laboratorio clásico.... se contagian de lo que yo particularmente llamo "batasalierens hospitalarium" con su variante "pijamasalierens hospitalarium" para los que no llevan bata.

    Por otra parte, es cierto que en nuestro país pasa mucho. Pero si alguien ha estado en Sudamérica podrá corroborar que allí pasa muchísimo mas. El batasalierens y el pijamasalierens se extiende a los ámbitos "Universitarium", "Pharmaceuticarium".

    Yo soy de la firme opinión de que los médicos quieren hacer constar que son médicos....y el resto de personal de hospital, simplemente sigue la tónica de esos personajes semi-dioses que se hacen llamar Doctores, cuando solo algunos lo son de verdad.

    Aplaudo la iniciativa de prohibir las batas en las cafeterías de Barcelona y lo haría extensible a cualquier sitio que no sea el puesto de trabajo. He visto enfermer@s y Médicos en tiendas de ropa, en cafeterias, en restaurantes, comprando calzado en los puestos de la calle, fumando por doquier... en fin, que más decir.

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  8. mirad yo estudio medicina y nos han enseñado a a sacarnos la bata si no se esta en laboratorio o dentro de un hospital u horarios de trabajo pues es un mecanismo de transmission de muchas microorganismos!!!...pero por supuestoooo que hay personas inconcientes que no lo toman con lla seriedad que deberia...pero aqui estan ustedes...asercad a esa gente y decid lo que pensad..!!!

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