Sí, hoy es mi cumpleaños, pero no aquél que el devenir de los días marca a fuego en mis células madre. Tal semana como ésta hace un año llegué a esta tierra Teutona. He contado aquí las peripecias más o menos absurdas y/o cómicas de los primeros días y meses, pero tras un año en las germanias, y aunque no soy dado a hacer balances, hoy lo voy ha hacer de la experiencia aquí, intentando dejar al margen episodios de ira por nuestra situación futura y usando algunas anécdotas y sucesos acumuladas en estos meses. Téngase en cuenta, sin embargo, que hacer balance para alguien con desequilibrios mentales transitorios (como no podía ser de otro modo en este blog) no es fácil.
El idioma, es lo primero con lo que, y a través de lo que entras en contacto. Todo aquél que ha gastado algún tiempo de su vida en un país extranjero cuya lengua desconoce, sabe lo que es sentirse gilipollas. Aquí, y en mi caso por partida doble, primero, por que aunque en inglés (si el mio se puede llamar así) se funciona, en estos lares te das cuenta de que cualquier persona de la calle habla un inglés a años luz del tuyo desde (cualquier transeúnte hasta tu jefe, cosa que en España no pasa en la inmensa mayoría de los casos). Y luego, porque cada vez que quieres pedir un pan en la propia lengua germánica (que para eso llevas en un curso 6 meses), y te aprendes la frase, la entonación, y las doce posibles respuestas, entras a la panadería, pides el pan, y en vez de pan recibes, o un cambio automático del tendero al inglés, o en las menos ocasiones, una pregunta del tendero/a a su ayudante jovenzuelo preguntándole si él habla bien inglés, para que me atienda (y hablo de panadería porque con las veces que me ha pasado esto, el experimento, en las mismas condiciones, tiene una estadística que supera el test más exigente). Esto hace que la única manera de salir adelante sea sintiéndose gilipollas una y otra vez hasta que pierdes la vergüenza del todo, y eres capaz de hablar con tu jefe de un archivo Excel con los datos del último experimento, donde te refieres a una hoja excel como "shit" (mierda) en vez de "sheet"(hoja) (está bien, los datos eran una mierda, pero no son formas, coño...). No obstante, desde los primeros contactos, te das cuenta de que, a pesar de todo, las gentes con las que he podido tratar son educadas, cordiales y amables, y la mayoría te entiende o buscan la manera de entenderte por mal que te expliques. De cualquier manera, esas reflexiones absurdas en voz alta, que tanto juego daban antaño para amenizar las aburridas jornadas de mini o maxipreps aderezadas con algún gel, se pierden. Y haces muy tuyo aquel aquel refrán atribuido a muchos, pero que parece provenir de la sabiduría árabe, que reza: "Si alguna vez abres la boca, tus palabras deben valer más que el silencio."
Después de cosas como estas llegas a la conclusión de, uno: qué les hubiese costao enseñarnos inglés en condiciones (como aquí lo hacen), y dos: que si sales ileso moralmente del postdoc, aunque sea sin resultados en "paper", personalmente, ya te puedes dar por satisfecho.
No entraré mucho en el balance meteorológico, que aunque es importante en el estado de ánimo, para eso ya están las páginas dedicadas a tal efecto. Baste con decir, que hasta yo que soy de Teruel, corro a sacar los cuernos al sol cuando éste asoma aunque sea tímidamente. Entrando en materia científica y "laboratoril", lo primero que me sorprendió (aparte del capital económico invertido en investigación, que es brutal) es que aquí se mezclan las máquinas y técnicas más costosas con los procedimientos más baratos, manuales y rudimentarios, siempre buscando equilibrio entre producción, coste y contaminación ambiental. Sirva como ejemplo, que si en un laboratorio (uno solo, de la Universidad, con 20 personas cuando más) hay que comprar dos microscopios de fluorescencia (entre los dos, más de 300.000 Euros) pues se compran, junto con un HPLC y otra serenata de artilugios carísimos y muy útiles. Pero eso sí, las pipetas de cultivos bacterianos y de levadura, de cristal y autoclavables, y las minipreps hechas como antaño, sin columnas de plástico, ni fenoles, ni nada más contaminante que el EDTA (protocolo de 14 pasos y más de 1 hora y 30 min. para 12 minipreps). No me he parado a repasar los presupuestos de fungible (material desechable), pero este modus operandi también se ve reflejado en el comportamiento y el funcionamiento administrativo y social general. Todo ello deja la sensación de que por estar "forraos" de pasta hasta el techo, no desperdician si lo pueden evitar. Esto denota una responsabilidad personal e institucional que no he visto demasiado extendida anteriormente.
Otro capital sorprendentemente grande invertido en ciencia es el capital humano. No sé cifras más allá de las que en estas últimas semanas han aparecido en la prensa española. Hablaban éstas de la cantidad de personal altamente cualificado que necesita Alemania para cubrir sus necesidades y su demanda al extranjero. Sírvame de jocoso ejemplo comparativo la siguiente situación. Años a, no muchos, fui yo alegremente a asegurar mi flamante moto nueva a una aseguradora cualquiera de las que abundan en nuestras ciudades. Cuando se me pregunto la profesión y dónde trabajaba (investigador predoctoral), tras mi respuesta, mi interlocutor me miró con cara de estupefacción y asombro (como viendo un marciano de Cassiopeia), tras segundos de silencio me dice:"Eso qué es?", y yo le dije investigación científica, a lo que él respondió: "llevo muchos años haciendo pólizas, y te juro que nunca me he cruzado con esa profesión". Pues bueno, cuando después de 5 meses aquí, me cruzo media Europa en mi ya no nueva, ni tampoco flamante moto, y me expongo a la misma situación (esta vez en una aseguradora de nombre impronunciable), doy a similar pregunta la misma contestación, y en vez de recibir miradas de (esto's es un bicho raro) recibo un automático descuento en la póliza por formar parte del cuerpo científico Universitario. Y me digo, si tienen descuento por eso... "joer", es que aquí hay como yo a porrillo. Y efectivamente, no hay semana que no me cruce en la ciudad con alguien que conozco, aunque sea de vista, de mi bloque de investigación en la Universidad.
Otra cosa bastante grotesca a mis ojos estrechos acostumbrados a trabajar en un laboratorio con una densidad de personal similar a la densidad en masa de una Enana blanca, fue encontrar laboratorios donde, para entrar a trabajar, debes hacer primero una maratón por debajo de dos horas. Son tan grandes que se me han puesto las patas como las de Induraín de tanto andar cada vez que se me olvida coger la pipeta para cargar un gel (voy a patentar el cinturón-riñonera versión laboratorio de bioquímica, como el de los obreros de construcción, pero adaptado para personal investigador acostumbrado a laboratoiros pequeños). Después pasar años haciendo experimentos y cargando los westerns como si estuviésemos jugando al "twister" o a los castillos de naipes, este Labora-estadio que en principio parecía la liberación estérica, en realidad ya no mola tanto. La interacción personal (para bien y para mal) cae exponencialmente con la distancia. Silencio, ningún comentario o risa o llanto, la gente pasa, pero la falta de un idioma fluido común, y la menor tendencia "interacionil" de los nórdicos y asiáticos termina por hacer mella en alguien que ha pasado 5 años sin saber si el brazo que le salia del sobaco era suyo o de alguno de sus colegas. La parte buena es que ahora no hay nadie para escucharme jurar en Hebreo turolense que hace temblar los pilares de la tierra, y si por casualidad aparece alguien...para él es precisamente, eso, Hebreo, así que no hay terror en sus caras.
El idioma, es lo primero con lo que, y a través de lo que entras en contacto. Todo aquél que ha gastado algún tiempo de su vida en un país extranjero cuya lengua desconoce, sabe lo que es sentirse gilipollas. Aquí, y en mi caso por partida doble, primero, por que aunque en inglés (si el mio se puede llamar así) se funciona, en estos lares te das cuenta de que cualquier persona de la calle habla un inglés a años luz del tuyo desde (cualquier transeúnte hasta tu jefe, cosa que en España no pasa en la inmensa mayoría de los casos). Y luego, porque cada vez que quieres pedir un pan en la propia lengua germánica (que para eso llevas en un curso 6 meses), y te aprendes la frase, la entonación, y las doce posibles respuestas, entras a la panadería, pides el pan, y en vez de pan recibes, o un cambio automático del tendero al inglés, o en las menos ocasiones, una pregunta del tendero/a a su ayudante jovenzuelo preguntándole si él habla bien inglés, para que me atienda (y hablo de panadería porque con las veces que me ha pasado esto, el experimento, en las mismas condiciones, tiene una estadística que supera el test más exigente). Esto hace que la única manera de salir adelante sea sintiéndose gilipollas una y otra vez hasta que pierdes la vergüenza del todo, y eres capaz de hablar con tu jefe de un archivo Excel con los datos del último experimento, donde te refieres a una hoja excel como "shit" (mierda) en vez de "sheet"(hoja) (está bien, los datos eran una mierda, pero no son formas, coño...). No obstante, desde los primeros contactos, te das cuenta de que, a pesar de todo, las gentes con las que he podido tratar son educadas, cordiales y amables, y la mayoría te entiende o buscan la manera de entenderte por mal que te expliques. De cualquier manera, esas reflexiones absurdas en voz alta, que tanto juego daban antaño para amenizar las aburridas jornadas de mini o maxipreps aderezadas con algún gel, se pierden. Y haces muy tuyo aquel aquel refrán atribuido a muchos, pero que parece provenir de la sabiduría árabe, que reza: "Si alguna vez abres la boca, tus palabras deben valer más que el silencio."
Después de cosas como estas llegas a la conclusión de, uno: qué les hubiese costao enseñarnos inglés en condiciones (como aquí lo hacen), y dos: que si sales ileso moralmente del postdoc, aunque sea sin resultados en "paper", personalmente, ya te puedes dar por satisfecho.
No entraré mucho en el balance meteorológico, que aunque es importante en el estado de ánimo, para eso ya están las páginas dedicadas a tal efecto. Baste con decir, que hasta yo que soy de Teruel, corro a sacar los cuernos al sol cuando éste asoma aunque sea tímidamente. Entrando en materia científica y "laboratoril", lo primero que me sorprendió (aparte del capital económico invertido en investigación, que es brutal) es que aquí se mezclan las máquinas y técnicas más costosas con los procedimientos más baratos, manuales y rudimentarios, siempre buscando equilibrio entre producción, coste y contaminación ambiental. Sirva como ejemplo, que si en un laboratorio (uno solo, de la Universidad, con 20 personas cuando más) hay que comprar dos microscopios de fluorescencia (entre los dos, más de 300.000 Euros) pues se compran, junto con un HPLC y otra serenata de artilugios carísimos y muy útiles. Pero eso sí, las pipetas de cultivos bacterianos y de levadura, de cristal y autoclavables, y las minipreps hechas como antaño, sin columnas de plástico, ni fenoles, ni nada más contaminante que el EDTA (protocolo de 14 pasos y más de 1 hora y 30 min. para 12 minipreps). No me he parado a repasar los presupuestos de fungible (material desechable), pero este modus operandi también se ve reflejado en el comportamiento y el funcionamiento administrativo y social general. Todo ello deja la sensación de que por estar "forraos" de pasta hasta el techo, no desperdician si lo pueden evitar. Esto denota una responsabilidad personal e institucional que no he visto demasiado extendida anteriormente.
Otro capital sorprendentemente grande invertido en ciencia es el capital humano. No sé cifras más allá de las que en estas últimas semanas han aparecido en la prensa española. Hablaban éstas de la cantidad de personal altamente cualificado que necesita Alemania para cubrir sus necesidades y su demanda al extranjero. Sírvame de jocoso ejemplo comparativo la siguiente situación. Años a, no muchos, fui yo alegremente a asegurar mi flamante moto nueva a una aseguradora cualquiera de las que abundan en nuestras ciudades. Cuando se me pregunto la profesión y dónde trabajaba (investigador predoctoral), tras mi respuesta, mi interlocutor me miró con cara de estupefacción y asombro (como viendo un marciano de Cassiopeia), tras segundos de silencio me dice:"Eso qué es?", y yo le dije investigación científica, a lo que él respondió: "llevo muchos años haciendo pólizas, y te juro que nunca me he cruzado con esa profesión". Pues bueno, cuando después de 5 meses aquí, me cruzo media Europa en mi ya no nueva, ni tampoco flamante moto, y me expongo a la misma situación (esta vez en una aseguradora de nombre impronunciable), doy a similar pregunta la misma contestación, y en vez de recibir miradas de (esto's es un bicho raro) recibo un automático descuento en la póliza por formar parte del cuerpo científico Universitario. Y me digo, si tienen descuento por eso... "joer", es que aquí hay como yo a porrillo. Y efectivamente, no hay semana que no me cruce en la ciudad con alguien que conozco, aunque sea de vista, de mi bloque de investigación en la Universidad.
Otra cosa bastante grotesca a mis ojos estrechos acostumbrados a trabajar en un laboratorio con una densidad de personal similar a la densidad en masa de una Enana blanca, fue encontrar laboratorios donde, para entrar a trabajar, debes hacer primero una maratón por debajo de dos horas. Son tan grandes que se me han puesto las patas como las de Induraín de tanto andar cada vez que se me olvida coger la pipeta para cargar un gel (voy a patentar el cinturón-riñonera versión laboratorio de bioquímica, como el de los obreros de construcción, pero adaptado para personal investigador acostumbrado a laboratoiros pequeños). Después pasar años haciendo experimentos y cargando los westerns como si estuviésemos jugando al "twister" o a los castillos de naipes, este Labora-estadio que en principio parecía la liberación estérica, en realidad ya no mola tanto. La interacción personal (para bien y para mal) cae exponencialmente con la distancia. Silencio, ningún comentario o risa o llanto, la gente pasa, pero la falta de un idioma fluido común, y la menor tendencia "interacionil" de los nórdicos y asiáticos termina por hacer mella en alguien que ha pasado 5 años sin saber si el brazo que le salia del sobaco era suyo o de alguno de sus colegas. La parte buena es que ahora no hay nadie para escucharme jurar en Hebreo turolense que hace temblar los pilares de la tierra, y si por casualidad aparece alguien...para él es precisamente, eso, Hebreo, así que no hay terror en sus caras.


Así pues, yo diría, tal como lo pienso, tras un año de postdoc, que la experiencia ha sido buena, y hasta cierto punto muy enriquecedora idiomáticamemte hablando. Bien es cierto, que se aprenden nuevas técnicas y que otras se repiten pero con diferentes adaptaciones que igualmente funcionan (o no). Pero hasta el momento (igual algún día me retracto), no veo en ello muestra alguna que justifique aquella creencia tan extendida de que tras postdoctorado en el extranjero un científico es mas válido que uno que se ha quedado en su país. Y todavía menos, que este tipo de postdoc se erija como premisa imprescindible en prácticamente todas las ofertas o becas para postdocs que desean trabajar en su país. Quizá esto fuese útil en un mundo no tan global, el de hace 20 -40 años, (no como el que le ha tocado vivir a nuestra generación) donde salir fuera del país significaba conocer mundo totalmente oculto, y además el acceso a las bases de un desarrollo científico-tecnológico que aún no habían llegado a España plenamente. Yo creo que nosotros tuvimos la gran suerte de adquirir ese conocimiento global in situ (a falta de soltura con los idiomas), y que para nosotros la enriquecedora experiencia que era el postdoc en tiempos de nuestros padres, lo es muchísimo menos.
Interesante reflexión, y más para precientíficos como yo que estamos a punto de terminar la carrera y no tenemos muy claro aún nuestro futuro.
ResponderEliminarPor cierto, el artista del finger-vader eres tú o es el señor con barba que tu y yo conocemos?
Ah, y felicidades por tu primer no-cumpleaños!
Muy interesante...
ResponderEliminarY muy bueno el Darth Finger! :)
Ya echaba yo de menos una nueva Crónica de Banchsinger; y aparte de la risa que da la forma de contar las peripecias (ese cinturón de herramientas, esos conflictos lingüísticos...)está muy bien tener una imagen distinta de la experiencia postdoctoral. Hay que desmitificar todo un poco, pero claro, mi opinión en este caso cuando no he hecho más que estancias breves no es muy válida que digamos. Me reconforta saber que alguien desde fuera pueda pensar que tampoco es tan necesario el moverse para formarse como Darwin manda. No cabe duda que la experiencia será enriquecedora, pero de ahí a ser requisito sine qua non para progresar en la ciencia, me parece que hoy en día es un concepto caduco.
ResponderEliminarRespecto al Darth Finger, sí, es obra mía, reconózcolo; el pobre Banchsinger ante la escasez de frikez en su laboratorio me pidió alguna ilustración para el post, y rebuscando en mi colección de momentos frikis (que no son pocos) encontré esta instantánea y no lo dudé un segundo.
Gracias por la crónica compañero, y sobretodo, ¡feliz cumpleaños!
Esta es una visión muy personal, Pablunchu, de cualquier modo, me alegra servir, aunque sea de sesgado informador, a los que vienen detrás, ya sabéis que debéis contrastar después. Pablunchu, Xosepineda, Sí, obviamente el Finguer Oscuro es de Dr. Litos, ya he dejado muy claro que yo soy un friki aficionadillo, y lo del finguer es de frikismo nivel 10/10. Dr. Litos, no te reconfortes mucho, que creo que mí humilde opinión no cambiará mucho el patatar... Gracias por las felicitaciones.
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