sábado, 11 de julio de 2020

La otra mitad

No sería desaventurado afirmar que el día en que los seres humanos inventaron los números, empezaron a ser un poco menos felices. Sí, seguramente ahí estaba el problema. Desde que desarrollasen lo que darían en llamar conciencia, y comenzasen a registrar con incansable escrúpulo todo lo que sucedía a su alrededor, empezaron a ser conscientes del paso del tiempo y sus estragos; pero no fue hasta que materializaron tan abstracto concepto y pudieron comenzar a estimar, medir, anticipar y recapitular todas y cada una de las actividades diarias que se percataron cada vez más de su propia senectud. La historia de los pueblos y sus culturas es un fiel reflejo de miles y miles de intentos por darle sentido a este paso del tiempo, que al poder medir cada vez mejor, afianzaba su férreo puño estrangulando poco a poco y de manera cada vez más inexorable las esperanzas, deseos y fantasías de aquellos pobres mamíferos, cada vez más autoconscientes de los límites impuestos a su existencia. Las religiones supusieron desde el principio un buen intento para paliar este horror, este miedo al vacío que derivaba de este conocimiento; pero el advenimiento del método  científico y la llegada del conocimiento de las bases biológicas de la existencia pusieron punto y final a todas esas fantasías, para quienes consintieron en aceptar tan terrible conclusión. No había nada después: los años, un concepto cuantificable y medible, se sucederían, las células de multiplicarían (con suerte dentro de un orden y unos límites preestablecidos), perderían paulatinamente su eficiencia reproductiva, acumularían mutaciones, moléculas inflamatorias y radicales libres, y consecuentemente los tejidos su elasticidad, capacidad adaptativa y firmeza, según el caso. Era inexorable. El proceso podía postergarse mínimamente, pero los mismos avances que habían desvelado todas estas verdades no habían sido igualmente efectivos a la hora de combatirlas. Los seres humanos envejecían y morían, sufriendo un declive paulatino e irreversible, y la última parte de sus vidas estaba condenada al desgaste, la pérdida de facultades orgánicas. Pero lo peor, tal vez, sería siempre ese conocimiento tan rotundamente marcado en su cerebro, esa capacidad de observación y esa constante memoria de lo que se deja atrás, que convierte esos años restantes, cada vez menores en número, se vislumbren como una carrera contrarreloj para cumplir objetivos, enmendar errores, exprimir al máximo unos plazos de tiempo que se escurren como granos en un reloj de arena. La ciencia les había permitido medir el tiempo y estimar su propia longevidad; las matemáticas les permitían hacer un cálculo fácil. Con muy poco margen de error, se podía saber cuánto tiempo les quedaba por vivir. Y él estaba a punto de comenzar la que iba a ser, con muy poco margen de error, la otra mitad de su vida.

- Tío, que estás empanado ¿quieres darle la vuelta al jamón? Estás tocando hueso.

La frase le sacó de su ensimismamiento de golpe. Pero tan pronto como procedió a cumplir la orden, y mientras afianzaba sobre la pinza la otra mitad de la pata sin empezar, se dio cuenta de que tenía entre sus manos la metáfora perfecta. Llevaban muchos días disfrutando de aquel delicioso manjar, poquito a poco, con la sensación de que les quedaba por delante un número casi infinito de degustaciones, innumerables lonchas por cortar y maravillosos sabores que paladear. Y todavía estaban dándole la vuelta. Frente a él se abría una mitad entera para seguir disfrutando... solo que el mero hecho de darle la vuelta arrojaba luz sobre un hecho incontestable: ya no habría otra nueva mitad. Una vez empezasen a cortar, seguirían hasta que no quedase nada, absolutamente nada más que  hueso incomible. Se acabarían el sabor, el disfrute, y la maravillosa anticipación que los preceden. 

No quedaría nada. Nada. La palabra resonó en su mente. Sintió un escalofrío.

Pensando que pronto vendrían a exigirle que siguiera cortando, se dijo que más le valía empezar. La realidad era que no se podía hacer nada. Todo estaba en contra, desde las mismas leyes de la termodinámica. La entropía no perdona, pensó. Así que más le valía no perder tiempo en lamentarse. Disfrutaría cada loncha de jamón tanto como pudiera, sin obsesionarse con el número restante. Era difícil para una mente acostumbrada a la medición, la observación y el rigor; pero también estaba muy entrenado para la ensoñación, la imaginación y la creatividad. Así que buscaría nuevas maneras de disfrutar la otra mitad. La única mitad. La última mitad.

Se metió una primera, finísima y sabrosa loncha en la boca, y dejó de darle vueltas al asunto. Al fin y al cabo, un cumpleaños era para disfrutarlo.


lunes, 11 de mayo de 2020

El hermano retornado y el cumpleblog confinado

Hoy, 11 de mayo, este blog cumple precisamente 11 añazos. El año pasado ya hice una oportuna reflexión sobre lo que significaba, o podía significar, seguir empeñado en mantener este rinconcito abierto. El hecho de que ni siquiera una pandemia que nos ha tenido confinados durante dos meses haya sido capaz de motivarme para resucitar este lugar y llenarlo de todas las reflexiones, historias y meditaciones que me han abordado durante este tiempo (que no han sido pocas), habla por sí mismo. Pero aquí sigo, empeñado en insuflarle vida de cuando en cuando. Así que se me ha ocurrido que era un buen momento para celebrar no solo el cumpleaños de ¡Jindetrés, sal! sino el de una persona muy importante que, oh casualidad, cumple años el mismo día. Y es un hecho realmente casual, porque el estreno del blog fue algo sin mayor planificación y que estuvo oscilando a lo largo de varios intentos hasta finalmente publicarse el primer post el 11 de mayo del ya lejano 2009. El caso es que, ese mismo día hace aún más años, nació mi hermano pequeño, Guillermo, al que quiero homenajear hoy.



Las dos primera colaboraciones de Guillermo en Principia, podéis verlas en todo su esplendor aquí.

Guillermo es el auténtico artista profesional de nuestra familia. Su devoción por las artes plásticas, sobre todo escultura o modelado y pintura en su aspecto más artesanal, solo es igualada por su pasión por la música. Formado en València, nuestra tierra natal, ha pasado siete años a caballo entre Argentina y Uruguay, para hace dos años regresar dispuesto a emprender una nueva etapa personal y profesional. Podría contaros mil cosas sobre él y sus talentos, pero dado el especial momento de celebración doble que tenemos entre manos, lo más idóneo es que os cuente que, avatares del destino, a su regreso Guillermo ha terminado por colaborar con la revista Principia: efectivamente, esta iniciativa que pretende fusionar arte y ciencia era el lugar ideal para que nuestras pasiones hermaniles confluyeran. Así que, después de colaborar con la web de Principia ilustrando un par de relatos con increíbles y personalísimos dibujos, ambos nos pusimos manos a la obra para crear un cuento ilustrado, escrito por servidor y embellecido por sus lápices: la historia de Lila y Rosa, dos neuronas, que apareció publicado en el número #9 de la revista Principia kids


Lila y Rosa, dos neuronas muy molonas, en Principia kids #9


Pero si os quedáis con curiosidad, estáis de suerte; dicho cuento fue uno de los elegidos para ser narrados en forma de audiocuento, y podéis escucharlo aquí mismo, narrado por el joven Gabriel Royuela:



Jamás estaré lo bastante agradecido a la gente de Principia por haber propiciado que diera rienda suelta a mi pasión por el arte y la narración escrita, tanto como me apasiona la ciencia; pero también por permitirme conocer a talentos increíbles y personas asombrosas que han dado a mis creaciones literarias un carácter tangible y unas interpretaciones alucinantes. Que encima hayan alojado la primera colaboración creativa entre estos dos hermanos que han pasado tantos años separados, y que por supuesto no se va a detener en este entrañable cuento, era algo que solo podía celebrar en ¡Jindetrés, sal!, la puerta virtual a través de la cual no solo he descubierto una vocación, sino que he accedido a un camino de encuentros y reencuentros de lo más emocionantes.

Felicidades, Jindetrés. Felicidades, hermano. Y a todos vosotros, gracias por seguir ahí de una u otra manera. Aun en la distancia. En el anonimato. En el confinamiento.




lunes, 27 de abril de 2020

Siempre es un placer


- Buenos días doctor. ¿Tendría usted un minuto?

- Claro que sí. Pasa y cuéntame.

Entró en el despacho, pero no se sentó. Sabía bien que a sus superiores no les gustaba que se tomase tantas confianzas.

- Verá… iré al grano, como dicen ustedes. Se trata del último circuito que me diseñó.

El doctor frunció el ceño.

- No, no se preocupe. Va todo bien. Bueno, eso creo. Le cuento: estaba haciendo mi rutina diaria, y la he terminado 30 centésimas de segundo antes. Normalmente no hubiera prestado atención a este dato, señor, pero hoy… este conocimiento ha provocado que el silenciamiento de todos mis sistemas de alarma. Y he comenzado a registrar una serie de señales nuevas, a partir de los recién implantados algoritmos, que han conducido a la conclusión lógica de haber realizado mi tarea de la forma más eficiente posible, lo cual sin duda constituye lo más positivo registrado en toda mi memoria y… bueno, señor… no sabría cómo interpretar todo esto.

El doctor hizo un gesto para que el robot cortase su apresurada y caótica exposición.

- Tranquilo, todo está bien. Es justo lo que esperábamos. Eso que describes es exactamente análogo al circuito neuronal de recompensa que sentimos los humanos. Lo llamamos “placer”. En nuestro caso ha costado millones de años de evolución fijar la relación entre causa y efecto para grabarnos a fuego qué tipo de cosas nos convienen, y cuáles no. En el vuestro, apenas unos años de investigación. Es una gran noticia.

El robot no pareció convencido. Pero el tema de las sensaciones era nuevo para él, así que almacenó aquello para procesarlo más adelante.

- Antes de irme, hay otra cosa. Tras estas conclusiones positivas, algunas subrutinas han anticipado que tal vez mañana podría tardar más que hoy en mis tareas. Que cabía dentro de lo posible que nunca jamás volviese a alcanzar este nivel máximo de satisfacción laboral. Lo cual me genera… “sensaciones” en las antípodas de lo descrito anteriormente.

El doctor suspiró y dio a su artificial lacayo unas palmaditas.

- Ah, amigo mío… es la otra cara de la moneda. Casi me atrevería a decir que estás empezando a comprender lo que significa ser humano.

El robot permaneció callado, hasta que interpretó que la congelada sonrisa de su jefe era una forma sutil de pedirle que se retirase.

- Eh… gracias, señor.

- Siempre es un placer.

Este relato es mi primera contribución a la propuesta mensual de @divagacionistas, cuyo reto esta vez era escribir sobre "El placer".

martes, 31 de diciembre de 2019

El desafío del Gnosynaikon: lo mejor de 2019

Los que me conocen a menudo me tachan de entusiasta, y alegan que me dejo fascinar muy fácilmente. Puede que esas afirmaciones no sean totalmente carentes de fundamento, y bien es cierto que a menudo demuestro cierta tendencia a la hipérbole. Advertido todo esto, puedo comenzar este post-resumen de lo mejor del año con una simple a la par que rotunda afirmación:

El desafío del Gnosynaikon es lo más grande que se ha publicado en todo 2019.

martes, 24 de diciembre de 2019

Inktober 2019


No quería dejar que pasase el fin de año sin antes haber contado por aquí una de las experiencias más gratificantes relacionadas con la divulgación y la creatividad que he vivido en los últimos tiempos. Durante el mes de octubre me embarqué en una loca empresa que aúna divulgación científica, dibujos, frikez y chorradas a partes iguales. Una combinación idónea para ser narrada en esta Santa Casa. Se trata nada más y nada menos de una iniciativa conocida en redes sociales como Inktober, algo que empezó como una simpática reivindicación del proceso de entintado en las artes gráficas y que ha ido evolucionando, con la memética y deriva evolutiva tan característica de las redes, en múltiples formas. El reto original consistía en hacer cada día de octubre, desde el 1 al 31, un dibujito en tinta negra utilizando como inspiración una lista de 31 palabras elegidas de manera aleatoria y sin ninguna relación entre ellas. El año pasado cuando descubrí que existía esto, se me ocurrió la genialidad de rebautizar el método como "Scienktober" y asumir el reto desde el punto de vista científico-divulgativo, es decir intentar relacionar las palabras propuestas con términos o conceptos científicos que pudieran dibujarse. Tan original propuesta, evidentemente, ya se le había ocurrido a más gente y mi contribución en aquella ocasión se limitó a, si no me engañan las cuentas... dos dibujos roñosos hechos aprisa y corriendo. Al olvidárseme por completo el tercer día que tenía que hacer un dibujo, me sentí desbordado, así que me rendí sin pena ni gloria.


Este año, se acercaba el mes de octubre y pronto empezaron a aparecer las primeras listas, tanto la oficial como otras derivadas... y pensé "bueno, por qué no intentarlo de nuevo". Abrí mi armario de los horrores, y rescaté una libreta de papel "güeno" apenas utilizada, y unos magníficos rotuladores de tinta que mi socio el genial Gerardo Sanz me había regalado durante una de nuestras quedadas para preparar páginas de OOBIK. La primera palabra, #RING, encajaba muy bien con mi trabajo en investigación; así que decidí probar suerte con algo sencillo y rápido. Y a partir de ahí...

A partir de ahí, no me preguntéis cómo, pero cumplí con el reto durante TODO el mes.


viernes, 7 de junio de 2019

Chernobyl y la verdad sepultada

La serie Chernobyl, una producción de HBO escrita y creada por  Craig Mazin, narra con escrupuloso detalle el catastrófico accidente acontecido en la tristemente famosa central nuclear soviética. La serie está siendo un gran éxito de crítica y público, por muchísimas razones. Seguramente la curiosidad morbosa por conocer los detalles de uno de los mayores desastres en la historia de la humanidad ha pesado bastante en este éxito; hay que reconocer que la historia en sí misma es atrayente desde muchos puntos de vista, empezando por un material de partida idóneo para estimular al espectador (errores humanos, intrigas políticas, explosiones, peligro constante, drama y muerte por doquier...) y siguiendo por una realización del más alto nivel (se nota que en HBO les ha cundido la pasta recaudada gracias a otros grandes éxitos). 

'Chernobyl'. (HBO)


sábado, 11 de mayo de 2019

Diez años

En términos universales, diez años es una cantidad de tiempo irrisoria. Y con universales quiero decir en la escala del universo conocido. En un contexto donde pueden pasar fácilmente mil millones de años antes de que te enteres de que una estrella ha muerto, diez años suponen una fracción tan minúscula del total que es para mondarse. Pero en la ridícula escala temporal humana... diez años son otra cosa. De hecho en uno solo de nuestros vertiginosos años pueden pasar tantísimas cosas que las personas terminamos por tomarnos el tiempo como algo muy serio. Obviamente porque en el fondo nos da igual cuánto puedan durar las cosas en el universo: somos plenamente conscientes, para bien o para mal, de que vivimos con el tiempo prestado. Gracias a eso apreciamos más cada minuto de la vida, pero también a menudo maldecimos nuestra senectud y rabiamos cuando constatamos que hemos perdido alguna cantidad de tiempo preciosa que ya no volverá. 

Pues bien: si en términos de vida humana diez años son ya un cacho de tiempo a considerar (da tiempo a hacer dos doctorados, a ver dos trilogías de El Señor de los Anillos o a presenciar cómo tu hijo pasa de decir "erez el mejó papi del mundo" a " ¡Yo no te pedí nacer!"), en la escala del mundo virtual donde todo se sucede a un ritmo vertiginoso, puede considerarse una eternidad. Durante los diez años que ha existido esta página web han sucedido muchas, muchísimas cosas. Los textos que se han publicado han cambiado mucho, han pasado por aquí varias manos aporrenado distintos teclados para llenarlas, y las más habituales - que son las del que os escribe en este momento -  han experimentado y practicado hasta encontrar una voz propia; pero incluso esa voz ha cambiado. Ha habido todo tipo de situaciones a lo largo de estos diez años, y siempre se han reflejado de una manera u otra en el blog. Incluso en los periodos más ocupados de la vida, coincidiendo al mismo tiempo con el declive de la comunidad bloguera y con el incremento de las exigencias laborales y familiares, siempre he encontrado el momento de volver y disfrutar de la sensación que estoy sintiendo ahora mismo: que aquí sigue todavía este rinconcito apartado, una vez dentro del cual el tiempo se detiene, permitiéndome hablar con total libertad de aquello que necesite. Y en estos momentos solo necesito reflexionar un poquito, rememorar aquellos tiempos y dejarme llevar por diez años de recuerdos maravillosos. Necesito recordar por qué sigo manteniendo este sitio abierto y me resigno a considerarlo un capítulo cerrado de mi vida, pese a no dedicarle el tiempo que uno debe dedicar a todo aquello que de verdad le importa. He querido volver a escribir para celebrar el décimo aniversario, simplemente para sentir que aún tengo un sitio al que regresar cuando lo necesite.

Porque en estos diez años habrán pasado muchas cosas, pero ninguna de ellas me ha quitado las ganas de escribir. De hecho, me han dado muchísimos motivos para escribir cada vez más. A veces fantaseo con que llegue por fin esa época ansiada en que pueda, de nuevo, sentarme a escribir cada vez que tenga una idea, y no cada vez que tenga un momento libre de ocupaciones. No creo que sea una utopía; por primera vez en mi vida profesional, la estabilidad es algo tangible, un objetivo a corto plazo... así que considero que es cuestión de tiempo.

No quiero extenderme demasiado, pues bien sabéis que dicho tiempo es finito y a los humanos no nos sobra. Podría invertir muchísimos minutos en enumerar las maravillosas alegrías que me ha dado este lugar, empezando por toda la gente increíble a la que he conocido gracias a las páginas aquí publicadas, y terminando por los logros profesionales que en gran medida se han visto influidos, directa o indirectamente, por mis escritos y experiencias en este blog. Y de hecho era mi intención, según meditaba durante estas últimas semanas acerca de lo que contaría llegado el momento. Pero he preferido abrir las puertas de ¡Jindetrés, sal!, soplar el polvo de sus estanterías, pasearme entre los recuerdos que aquí se guardan y simplemente sentarme a dejar que las palabras fluyesen. Esto es lo que ha salido. No me importa demasiado, puesto que hace ya mucho tiempo que descubrí el gran placer que produce dejar que las palabras hablen por sí mismas, y sin embargo hace ya mucho tiempo que no escribo por placer. No obstante, no os quiero engañar: si vengo a escribir aquí, es porque espero que alguien lea estas frases. Si tuviera que resumir en una única afirmación, en una sola razón por la cual considerar que ha valido la pena absolutamente cada palabra que he tecleado en este blog a lo largo de diez años, sería sin dudar un segundo las contadas ocasiones en que alguien ha manifestado que esas palabras le han servido para inspirarse, para aprender, para emocionarse, o para reír. Así que este post es una medicina, un revitalizante, un chute de adrenalina para abrir las puertas de par en par y lanzar al aire un "¡Eh! ¡Sigo aquí!" para que cualquiera que pueda oírlo se acerque, con curiosidad, y se permita en estos tiempos nerviosos y agitados de microescritura y lectura diagonal, descubrir un buen montón de historias entre las que perderse. 

No sé realmente si escribo para recordar a los demás que sigo aquí. Según siento que llega el momento de ir cerrando esta extraña pero terapéutica reflexión de cumpleblog, creo que en lo más profundo de mi subconsciente la intención verdadera es recordarme a mí mismo que antes de divulgador, profesor, conferenciante, monologuista, guionista o redactor, fui simple y llanamente... bloguero.

Y nunca viene mal recordar de dónde viene uno. Porque nunca sabe dónde puede acabar dentro de otros diez años.




viernes, 1 de febrero de 2019

Atraco a los tres

NOTA: aunque este diálogo está parcialmente basado en hechos reales, cualquier parecido con personajes auténticos o con la situación real de la investigación o la divulgación científica en España deben considerarse pura coincidencia.


- Tío, ¿seguro que es por aquí?
- Que sí macho, deja de dar por saco. Ya has oído al organizador cuando nos ha despedido, dice que un montón de gente ataja por aquí para llegar a la estación.
- Bueno, un montón... yo solo he visto pasar un señor mayor, y creo que al final ha girado por otro lado. No parece un camino muy transitable; habiendo tanta calle asfaltada, arriesgarse a un esguince por estos solares...
- Si no te hubieras traído la maleta esa friki con una forma tan rara, no estarías tan agobiado. A los congresos se va con mochila, chaval.
- Pero es que el portátil este pesa un huevo, me destroza la espalda. Como encima nos atraquen o algo...
- De verdad que eres canso. Cuando te he llevado por los rincones más recónditos de la facultad, no te has quejado tanto.
- Hombre, pero ahí había un objetivo claro, que era conseguir llegar a la cafetería antes de que se acabase el cátering del congreso. Que digo yo, al menos un curasán por ponente podían haber puesto, al final incluso con el atajo hemos tenido que luchar por el café...
- Uy, cómo se nota que eres nuevo. Ya puedes dar gracias, en la mitad de congresos que he estado yo o te llevabas de casa algo, o no hay tu tía. Una vez hasta me robaron el bocata unos postdocs. Y se dice "cruasán", por cierto.
- Calla tío, no des mal fario, hablando de robos mientras pasamos por este solar de mala muerte...
- ¡Venga va! ¿Te me vas a poner magufo ahora? ¿Después de estar todo el día hablando de ciencia y de divulgación?
- Sí sí, lo que tú digas, pero a mi esa hoguera no me pinta nada bien... ¿es legal hacer hogueras en mitad de un descampado?
- La verdad es que no tiene muy buena pinta. Mejor vamos por este otro lado.
- ¿Eso es un charco de sangre?
- Vaaale vamos por donde la hoguera... jolines qué tiquismiquis.

Joven doctorando contemplando su alentador futuro en la investigación científica.

- ¡Eh, vosotros!
- Hostia no te pares tío hazte el sueco venga venga venga sigue andando.
- ¡Eh, vosotros!
- Tranquilo joder que ya casi estamos veo la estación ahí detrás tú solo pasa del tipo.
- ¡¡Eh!!
- ¡Ah! ¡Estamos rodeados!
- Tranquilo, déjame a mi... Eh... hola, qué tal, nada ya nos íbamos, no queríamos molestarles en su campamento...
- Calla la maldita boca y dame la mochila.
- Perdona, no entiendo...
- ¡Que cierres la boca! ¿Es que no hablas mi idioma o qué? Trae a ver el cartelito ese...
- ¡Au! ¡Eh, que estaba enganchado con imperdible, me has roto mi única camisa!
- ¿Congreso de... divulgación científica? ¿Pero esto qué mierda es?
- Pues eso, una mierda, si no pintamos nada allí, aquí ya ni le cuento, y ya nos íbamos...
- Como volváis a interrumpirnos al final vamos a tener que daros la paliza, que pensaba ahorrármela. Con lo fáciles que se os ve.
- Perdone, siga usted.
- Anda dame la mochila, y tú la maleta esa... un momento, ¿eso qué carajos es?
- Un droide astromecánico.
- ¿Un qué?
- Un R2D2
- ¡¡Pero qué cojones decís!! ¿Es una maleta o no?
- Perdón. Sí. Pero con la forma de R2D2. Me la regalaron estas navidades. Es que el portátil pesa un huevo y...
- Bueno, por fin sacamos algo en claro. Ábrela, Otto.
- A ver... Esto está lleno de camisetas raras y malolientes... ah sí, aquí hay algo gordo. Un momento... ¿esto es un ordenador?
- Coño, no veía uno así desde que era crío. Qué tendrá, ¿treinta años?
- Joder, con eso no sacamos nada. ¿No lleváis nada más?

Objetivo del programa Horizon2020: ningún investigador sin su portátil de última generación.

- El otro en la mochila solo lleva un montón de papeles, un suéter del primark y una bolsa llena de... ¿¿curasanes pasados??
- ¡Eh! Que están de ayer. Mojados en la leche seguro que están riquísimos. Y se dice "cruasáns".
- Pero vamos a ver,... ¿qué clase de congresistas sois vosotros?
- Somos científicos.
- Ah, pues llevaréis un montón de regalos de los laboratorios, medicinas... venga: vaciaos los bolsillos.
- A ver, creo que se confunden. Yo soy físico de partículas, y aquí mi amigo es paleobotánico. Pero nos gusta hablar de ciencia, y hemos venido a contar nuestras batallitas. En estos congresos no hay laboratorios, ni regalos ni...
- Bueno, nos dieron un boli bien chulo.
- A mi se me ha roto ya el muelle.
- Vale, pero chulo era un rato. Tú es que eres un manazas.
- ¡¡Pero queréis callaros!! Me está entrando dolor de cabeza. No entiendo ni la mitad de lo que decís. Dadme vuestras carteras.... ¡ajá! La universidad. Si trabajáis en la universidad debéis estar forrados y...
- JAJAJAJAJA
- Pero...
- JAJAJAJA
- ¿De qué narices os reís?
- Perdone, creí que era una técnica de robo, hacer chistes para aligerar tensión, o algo así. En la universidad no se gana mucho, caballero. Si acaso se ganan disgustos. Yo estoy con contrato de prácticas, y aquí mi amigo lleva 8 años como interino.
- Bueno, pero están a punto de sacarme mi plaza.
- Jo qué suerte, con solo 45 tacos... luego vas por ahí quejándote.
- Yo no me quejo.
- Sí te quejas, sí.
- Norman, de verdad, esta gente me está empezando a dar pena. Creo que les hace más falta el dinero que a nosotros.
- Bueno, de todas formas por aquí ya no pasa nadie a partir de esta hora.
- Tranquilos, total nosotros ya hemos perdido el tren. Con que nos ahorréis la paliza, yo ya contento.
- Jajaja qué va, lo de la paliza sí que era una táctica. Anda, venid al fuego a echar un trago, ya cogeréis el siguiente.
- Oye, perdona que te pregunte así de sopetón, pero... me gustaría hacerte una consulta. ¿Como está eso de los gluones? El otro día Otto y yo discutíamos si tienen masa o no y...

*** una hora y media botella de vodka más tarde ***

- Hola, ¿estáis por aquí? ¿Otto, Norman, cómo ha ido...? ¡Ah! ¡Qué hacéis vosotros aquí aún!
- Hombreeeee a ti te quería yo ver. Así que esto es lo que nos mandas para que desplumemos... ¿y pretendías que nos repartiésemos el botín? Pero si son unos pobres desgraciados.
- Espera espera no me jodas... ¿Doctor Gertrude? ¿el organizador del congreso nos manda directos a una trampa para que nos atraquen?
- Bueno, a ver, puedo explicarlo... yo simplemente os mostré un atajo y... y casualmente, estos caballeros y yo nos conocemos y...
- Déjalo, capullo. Anda, páganos lo prometido y olvidaremos la ausencia de botín a cambio de lo bien que lo hemos pasado charlando con estos muchachos.
- Ah, ya, bueno... es que al final, como el congreso era de inscripciones gratuitas y tal pues... no hemos sacado tanto y... bueno, pensaba que el botín sería suficiente y claro...
- Ya veo. Así que nada de pasta. Y esos bolsillos tan abultados serán que estás contento de vernos, no? Ale, pues serán tres los atracados hoy. ¿No os parece chicos?
- ¡Sí!
- ¡Eso! ¡Reviéntale la cara!
- Oye, no te vengas tan arriba, plantitas.
- Perdón.
- En serio, de verdad que no llevo nada, no es lo que parece...
- Norman, haz los honores anda.

*** varios forcejeos y registros más tarde ***

- Oye pues al final, qué majos estos señores. Nunca me habían atracado de forma tan amena.
- Ya te digo, ya ni le guardo rencor a Gertrude. El pobre al final sí se ha llevado paliza.
- Pues mira, le está bien empleado por intentar abusar de unos pobres diablos y encima compañeros de profesión.
- ¡La cara que ha puesto Norman cuando ha empezado a sacudirle y le han caído todos esos curasanes de los bolsillos!
- Cruasáns, querrás decir.
- Dios, qué harto me tienes.






viernes, 12 de octubre de 2018

La casa del "paper"

- Buenos días, nos encontramos de nuevo en directo en la sede de Elsevier en España donde, como ya sabrán, un grupo de investigadores ataviados con batas rojas y máscaras de Santiago Ramón y Cajal irrumpieron hace ya cinco días, secuestrando el edificio con todos sus trabajadores dentro. Según las últimas informaciones que esta cadena ha podido contrastar, al parecer los delincuentes han estado aprovechando los días durante los cuales se ha prolongado las negociaciones con la policía para convertir una ingente cantidad de manuscritos en artículos de elevado factor de impacto, saltándose todos los protocolos de revisión por pares y de estándar de calidad inherentes a este tipo de publicaciones. Ahora sabemos que las conversaciones mantenidas con el líder de los secuestradores, al que únicamente conocemos como "el IP", eran una estratagema para dar tiempo a los criminales en este terrible proceso de falsedad documental que, por otro lado, tiene a gran parte de la opinión pública (principalmente becarios y técnico de laboratorio) de su parte. Cinco días de exigencias, como mínimo, inquietantes, que han ido desde pedir la contratación inmediata de cuantos becarios de investigación se encontrasen trabajando sin remuneración en aquel momento, hasta la candidatura al premio Nobel de Fisiología y Medicina, pasando por un equipo de secuenciación masiva lacado en plata con remaches dorados, y una promoción instantánea a catedráticos de universidad para los atracadores (salvo para uno que al parecer todavía es ayudante doctor, y necesitaría primero pasar por las tres figuras contractuales previas). Los diferentes mediadores que han pasado por el caso han ido capeando estas surrealistas reclamaciones como han podido, tomando por el camino decisiones desafortunadas, como la filtración a los medios de información falsa relativa a uno de los atracadores, conocido únicamente como Aspártico, donde se afirmaba que este había falseado la información contenida en su tesis doctoral. Recordemos la reacción de los atracadores, que incluso ofrecieron una respuesta en forma de entrevista grabada. Dentro video:

viernes, 24 de agosto de 2018

Merlín, científico y educador


Si uno repasa el dilatado y variopinto catálogo de producciones de la factoría Disney puede encontrar desde auténticas joyas de la animación tradicional, dentro de los cánones más clásicos, hasta arriesgados y vanguardistas relatos. Pese a la fama de uniformidad tanto formal como temática de estas películas, realmente el ojo experto puede hallar películas harto inclasificables y joyas por descubrir para el gran público. Hoy quiero hablaros de una de estas rara avis que no destaca, precisamente, por su calidad técnica, su calado dramático o por constituir una narración especialmente emocionante. De hecho, no creo que destaque por nada en especial, más allá de ser la única aproximación animada al mito artúrico de la mano de Disney.