Cada alba, la Red me trae nuevas que cuentan el relato vivo de tierras lejanas.
Son estos tiempos aciagos para la ilusión y la esperanza de muchos jóvenes. Sobretodo para aquellos que eligieron el más difícil de los derroteros de entre los que se abrían ante sus ojos, cuando todavía siendo niños, confiaron en que la formación intelectual les brindaría un buen futuro. En su futuro se valdrían por si mismos y su conocimiento haría avanzar a la sociedad. Y con este avance pagarían el esfuerzo de los hombros que los sustentaron mientras, en una sociedad cada vez mas competitiva y exigente, intentaban emular a antiguos sabios como Leonardo, duchos en las artes, las letras, y las ciencias.
La ilusión se marchita y la esperanza se pierde porque su futuro, que ahora es presente, es oscuro y todo lo que saben, lo que han aprendido, su potencial y su fuerza, todo lo que durante años han afilado para ser implacables en la ejecución de su sueño... no vale nada. ¿Por qué? Porque los poderosos que han regido nuestra tierra durante décadas, han sido o ineptos o incapaces o pusilánimes o egoístas o corruptos o cualquier combinación de lo anterior, o todo a la vez.
Y aquí, desde mi atalaya, en una tierra que, sin haber puesto un céntimo en el pedernal que tantos años giró para aguzar mi intelecto, se beneficia de mi trabajo, veo con tristeza como mi esperanza de volver a mi tierra se apaga lentamente, y lo que todavía es más exasperante: veo como muchos de mis amigos, compañeros en la facultad y de bancada en el laboratorio no tienen oportunidad de demostrar lo mucho que valen, pareciendo que la única solución para aquellos que siguen en el maltrecho cascarón y que no quieren renunciar a su futuro es abandonarlo todo y salir a nado hacia otro navío de nombre extranjero, y tirar de las sogas que enarbolan sus velas para que surque los mares “Plus-Ultra”, a la vez que miran desde el horizonte como su barco se hunde mientras los que lo “rigieron” tantos años, salen por el portón de popa en yate cinco estrellas.
Es la desesperación por el “no futuro” de la generación mas preparada y capacitada de nuestro País, Estado, o como quieran que se denomine (la que debía hacer de España una potencia y no un lastre), la que me lleva a gritar al viento cibernético en busca de alguien que me explique porqué todos sabemos el “porqué” de nuestro aciago futuro y nadie en 20 años ha hecho nada para cambiarlo.